El encuentro, que duró poco más de dos horas, se llevó a cabo en un comedor privado de la residencia oficial, sin acceso a la prensa, y llega en un momento donde el republicano afianza su diálogo con la actual líder del gobierno chavista, tras describirla como una “persona fantástica”.

A comienzos de 2024, el director financiero de una multinacional en Singapur participó en lo que parecía ser una videoconferencia rutinaria con sus superiores. El CFO estaba presente. Otros líderes también. Todos los rostros y voces eran familiares. Pero nada de eso era real. En pocos minutos, el ejecutivo autorizó la transferencia de casi medio millón de dólares, siguiendo instrucciones de un grupo de impostores creados con inteligencia artificial.

El caso se convirtió en uno de los ejemplos más contundentes de una amenaza que evoluciona más rápido que la capacidad de muchas organizaciones para comprenderla. La tecnología de deepfake, antes vista como un truco digital de baja calidad, ha madurado hasta convertirse en un arma criminal capaz de engañar a gran escala. Esta no es solo una historia sobre fraude: es una historia sobre identidad. Los deepfakes han redefinido lo que significa confiar en quien está del otro lado de la pantalla.

La vulnerabilidad que no se corrige con un firewall

El impacto de los deepfakes es devastador porque expone una fragilidad que ningún firewall ni capacitación resuelven: la suposición de que la presencia humana equivale a la verdad. La IA generativa ha reducido drásticamente la barrera para crear falsificaciones audiovisuales convincentes, permitiendo que los delincuentes escalen ataques de suplantación mediante llamadas, mensajes y flujos completos de trabajo.

Las señales que antes confirmaban autenticidad —conversaciones en vivo, voces conocidas, rostros reconocibles— hoy son las más fáciles de falsificar. Si ver y escuchar ya no garantizan nada, ¿en qué lugar quedan las organizaciones?

De la autenticidad a la garantía

El debate sobre los deepfakes suele centrarse en la autenticidad de lo que vemos y oímos. Antes era sencillo identificar si una imagen o un video era legítimo, o si una grabación había sido manipulada. Eso se ha vuelto más difícil, pero el verdadero desafío es más profundo.

Todo caso de suplantación sintética es, en esencia, un problema de identidad. Cuando un estafador usa IA para reproducir la apariencia, la voz o la forma de escribir de alguien, no está falsificando contenido; está falsificando a una persona. Surge así un nuevo tipo de robo de identidad que no depende de contraseñas filtradas ni de violaciones de datos, sino de la capacidad de replicar la confianza misma.

No existe capacitación anti-phishing capaz de detener a un impostor que entra en una conversación luciendo y sonando exactamente como un colega.

Por eso, las empresas deben replantear la forma en que validan identidades en las interacciones digitales. En otras palabras: es momento de dejar de verificar el medio y empezar a verificar la entidad que está detrás.

Si la autenticidad ya no es solo la coincidencia de patrones visuales o de voz —fácilmente replicables—, pasa a depender de la validación del contexto en el que esos patrones ocurren. Los usuarios legítimos dejan huellas consistentes: integridad del dispositivo, ubicación, hábitos de comportamiento, patrones de acceso. Estas señales pueden evaluarse de forma continua.

Así, la seguridad de identidad deja de ser un punto de control estático y se convierte en un proceso dinámico. Al anclar la verificación en el contexto en tiempo real, las organizaciones se protegen no detectando cada píxel falsificado, sino confirmando que cada inicio de sesión, interacción o transacción proviene de una identidad comprobada.

Redefiniendo la confianza en un mundo sintético

Los deepfakes han obligado a los equipos de seguridad a replantear el propio concepto de confianza. La autenticación tradicional se apoya en credenciales fijas —contraseñas, tokens, biometría— que asumen una relación estable entre persona e identidad. Pero cuando la IA puede replicar esas mismas señales, la verificación debe evolucionar.

En un mundo post-IA, los controles estáticos de identidad ofrecen apenas una fotografía momentánea, fácilmente vulnerable a réplicas sintéticas. El camino es una forma viva de garantía de identidad, basada en señales comportamentales, ambientales y contextuales mucho más difíciles de falsificar.

Las plataformas de identidad ya avanzan en esa dirección. Analizan la reputación del dispositivo, los patrones de sesión y el historial de comportamiento para crear una línea base de lo que es “normal”. Cuando surge una anomalía de acceso desde un dispositivo nuevo, una entonación de voz ligeramente distinta o un patrón de inicio de sesión atípico, el sistema puede exigir pruebas adicionales o activar verificaciones reforzadas.

Así, en lugar de depender de la detección visual de cada deepfake, la organización valida la confianza de manera continua. La verificación deja de ser una puerta estática y se transforma en un mecanismo adaptativo de confianza, capaz de acompañar un riesgo que no deja de evolucionar.

La identidad es la nueva línea de frente

La identidad se ha convertido en la capa unificadora del control de la resiliencia cibernética. Cada interacción, transacción y solicitud de acceso pasa por el mismo canal de confianza, convirtiéndolo en el punto lógico para detectar y contener intentos de suplantación antes de que causen daños.

La frontera entre fraude, ciberseguridad y cumplimiento se está desdibujando. Las organizaciones ya comienzan a tratar la defensa contra los deepfakes como una responsabilidad compartida, y no como una función aislada.

Proteger datos o sistemas ya no es suficiente. El verdadero indicador de seguridad es la capacidad de demostrar quién o qué está operando dentro del entorno corporativo.

Esto exige una gobernanza basada en evidencias. Las empresas empiezan a reemplazar las certificaciones estáticas por validación continua, no solo declarando cumplimiento, sino demostrando ese cumplimiento mediante auditorías en tiempo real. Registran quién tuvo acceso, en qué contexto y por cuánto tiempo, creando un registro vivo de las decisiones de confianza.

Estos principios de zero trust también se extienden a las identidades no humanas. Agentes de IA, herramientas de automatización y bots digitales se multiplican en las redes y deben ser autenticados, autorizados y monitoreados como cualquier usuario humano, siguiendo el mismo principio de privilegio mínimo y verificación continua.

En un escenario donde la realidad puede ser sintetizada, la identidad deja de ser un simple componente técnico. Se convierte en la capa de verdad de las empresas: el punto donde los ataques se detienen y la confianza se preserva.

Más de 40 participantes serán parte de este certamen que convoca a solistas, bandas y grupos de danzas de los géneros folklore y tango en la plaza San Martín para seleccionar a quienes tendrán posibilidad de ser parte de la 51° edición del festival nacional de Baradero en el mes de febrero. El evento comienza a las 18 horas y es con entrada libre y gratuita.

 Cuatro astronautas a bordo de una cápsula SpaceX Crew Dragon aterrizaron la madrugada del jueves en el océano Pacífico, poniendo fin a un esfuerzo de una semana para llevar a casa a un miembro de la tripulación anónimo para evaluar un problema médico.

La medida responde a la necesidad de ejecutar tareas complementarias en el sistema de balizamiento tras la reciente repavimentación de la pista. Desde la terminal aseguraron que los vuelos comerciales regulares no se verán afectados.

El aeropuerto de la ciudad de Rosario verá limitada su actividad para despegues y aterrizajes de aviones en franjas horarias específicas.

El cronograma de cierre de pista es el siguiente:

-Martes 13 de enero:

De 18:25 a 21:45 horas.

De 23:30 a 23:59 horas.

-Miércoles 14 de enero:

De 00:00 a 02:45 horas.

Durante estos períodos, que suman un total de 6 horas y 35 minutos de inactividad, solo se permitirá la operación de helicópteros.

Voceros oficiales explicaron que la decisión de reabrir la terminal antes de finalizar estos detalles técnicos respondió a la necesidad de garantizar la temporada alta de verano 2026.

El aeropuerto rosarino retomó oficialmente sus operaciones el pasado lunes 29 de diciembre de 2025. La reapertura marcó el final de una obra récord que demandó 100 días de trabajo ininterrumpido y una inversión 100% provincial, por un total de 150 millones de dólares.

El objetivo principal fue elevar los estándares de seguridad y confort, posicionando a Rosario como el nodo aéreo estratégico del centro del país.

Tras su reapertura, el AIR incluye refuerzos y nuevas rutas donde se destacan vuelos directos a Punta Cana y a Madrid, que comenzarán a operar en el transcurso de año.

Respecto del verano anterior, Rosario multiplica frecuencias: de tres a 11 vuelos semanales a Río de Janeiro; de diez a 14 a Panamá, y de tres a cinco a Lima. Se incorporan Maceió y San Pablo, y se amplía la oferta a Florianópolis y Cabo Frío.

Punta del Este y sus alrededores no son solo conocidos por sus playas ni por sus atracciones naturales. El lujo, la exclusividad, el derroche y la fiesta son también parte de cualquier temporada veraniega. Hay una pregunta que se repite año a año, que muchas veces viene acompañada de tickets que se hacen virales: ¿cuánto se gasta a la hora de veranear en el balneario esteño del país?

 

La principal ciudad turística uruguaya ofrece opciones para bolsillos variados. En Punta del Este se puede hacer turismo de lujo, pero también uno más medido. Según constató Montevideo Portal, en una cadena de supermercados ubicada en la Península un pote de yogur de casi 200 gramos tiene un valor de $ 64, un pan de molde ronda entre los $ 152 y los $ 215, y los quesos de untar —de 290 gramos— $ 195.

Para los materos, un kilo de yerba puede adquirirse desde $179. Unas galletas dulces de marca uruguaya tienen un valor de $ 151 y un kilo de dulce de leche de alta calidad $ 489.  Para almorzar, un kilo de pollo de granja con menudo vale $ 179; el kilo de nalga $ 539; el kilo de lomo $ 909, y el kilo de carne picada $ 459.

Un restaurante de la Punta ofrece combos: una merienda para dos —con café con leche, jugo, tostado, medialunas, tostadas y pastelería— por $ 1.040 y dos hamburguesas con papas fritas por $ 810. Quienes gustan desayunar y merendar afuera de sus casas, con vista al mar y también en zona céntrica del balneario, la oferta va desde $ 590 a $ 710. Para tarjetas uruguayas de determinados bancos, los restaurantes y cafés ofrecen hasta 25% de descuento, según la tarjeta del cliente.

En un parador de renombre, ubicado en la playa Mansa, tanto las rabas como las miniaturas valen $ 950; un chivito $ 1.200; un roll de sushi de diez piezas $ 850; las pizzas van desde $ 690 a $ 890; una pesca fresca con ensalada $ 1.390, y un bife ancho $ 1.900. En tanto, el menú infantil ofrece opciones de $ 480 a $ 690.

Una pizza muzzarella prehecha en una cadena de supermercados vale $ 539 y un refresco de 1,5 litros $ 162. En la Punta, hay más promociones: una muzza + seis empanadas + una cerveza de litro por $ 1.600. Otro restaurante ofrece chivitos por desde $ 480 a $ 520; ensaladas por $ 370; quesadillas por $ 380, y jugos y postres por $ 150.

En otro café de la playa Mansa, un espresso vale $ 195, los tragos van desde $ 290 a $ 700 y una copa de vino $ 330. La cerveza de 300 cc tiene un costo de $ 290 (sin alcohol y con alcohol) y un mockatil —trago sin alcohol— puede adquirirse por $ 320.

En concreto, en Punta del Este se pueden encontrar ofertas para todos los bolsillos. Son muchos los turistas que para conseguir precios más accesibles se mueven hacia Maldonado, la capital del departamento. De todos modos, el balneario ofrece precios variados: hay quienes pueden gastar US$ 50 por día y quienes no tengan un límite.

 

Montevideo Portal

El acusado fue identificado como Matías Ezequiel Bustos de 36 años. El juez ordenó 90 días de detención mientras avanza la causa.
La Justicia de Rosario dictó prisión preventiva por 90 días para Matías Ezequiel Bustos (36), apodado “el Metra”, acusado de abuso sexual simple y exhibiciones obscenas contra una empleada de un minimarket de barrio Alberdi. El hecho ocurrió el 14 de diciembre del pasado año, cerca de las 7.30, en un comercio ubicado en Superí al 1000, cuando el imputado manoseó a la víctima y luego volvió al lugar para exhibirse. Fue detenido semanas después en la zona oeste, tras tareas investigativas.

De acuerdo con la imputación fiscal, la empleada se acercó al acusado para darle una botella de agua debido al calor. En ese contexto, Bustos, abusó sexualmente de la mujer mediante tocamientos y se retiró a pie.

Quince minutos más tarde, regresó al local y realizó exhibiciones obscenas frente a la víctima, en contra de su voluntad.

 

La mujer logró fotografiar al agresor y dio aviso inmediato al 911. La imagen permitió avanzar en la identificación del sospechoso, conocido en el barrio como “el Metra”. Tras tareas de campo, personal de la División Judicial lo detuvo el viernes 9, en la vía pública, en un refugio para personas en situación de calle de la zona oeste.

En audiencia imputativa realizada el martes 13, en el Centro de Justicia Penal, la fiscal María Cecilia Marcolin Loberse atribuyó a Bustos los delitos de abuso sexual simple en concurso real con exhibiciones obscenas, en grado consumado y como autor.

El juez de primera instancia Dr. Gasparini formalizó la imputación y dispuso la prisión preventiva por 90 días, con posibilidad de prórroga si la Fiscalía presenta el requerimiento acusatorio. La causa continúa en etapa investigativa, mientras se evalúan informes complementarios.

 

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