
Los ajustes llegarán a las góndolas de las cadenas de supermercados y de los comercios minoristas en los próximos días.
Los ajustes no son desproporcionados, en relación con la dinámica inflacionaria argentina, pero sin dudas provocarán una nueva caída en el poder de compra de los asalariados.
Entre los productos finales, al menos a la hora de hablar de los alimentos, los incrementos se observan en los aceites, con alzas promedio de entre 5% y 7%. En este rubro ya hubo ajustes tanto en febrero como en marzo últimos, cuando los efectos de la guerra todavía no estaban en la calle.
También hay aumentos en el rubro lácteos, también en torno del 5% al 7% dependiendo los distintos artículos.
Y en general en los productos de almacén, con harinas y subproductos (con galletitas, tapas de empanadas y para tartas a la cabeza), con subas de hasta 10 por ciento.
En general, las principales fábricas de alimentos persiguen la siguiente lógica: los mayores aumentos se aplican sobre los productos más premium, evitando hacerlo en los artículos más masivos. Y de menor margen de ganancia.
Así, por ejemplo, hay ajustes en los paquetes de fideos saborizados o con aditivos. O en variedades más costosas de realizar, como los moños. Y no en los más populares.
Mencionan que los márgenes de utilidades de las empresas alimenticias se encuentran en mínimos históricos. Algo que revalidan fabricantes del sector.
La suba del 22% en el precio de los combustibles en todo el país durante marzo es un costo imposible de eludir para los fabricantes.
Además, en los últimos días hubo alzas en el polietileno -de hasta 17%-, en los envases de cartón, de hasta 15%, y en la urea de hasta 40%.
El director de una de las alimenticias líderes del país sostiene que "Los precios de los combustibles serán imposibles de disimular. Lo único que impide un traslado directo y rápido es que la demanda sigue muy floja, y nadie quiere perder mercado".
Habrá que esperar a las próximas semanas para tener más certezas sobre la ola de aumentos en las góndolas, como efecto de las subas de los combustibles y en el impacto de segunda vuelta en los sectores dependientes.
En una economía con alta sensibilidad al movimiento de los precios, el costo de la energía funciona como un nervio expuesto que recorre toda la estructura productiva.
Los recientes ajustes en los surtidores empiezan a generar una reacción en cadena en diversos sectores clave.
La incidencia del combustible varía drásticamente según la actividad, pero en los rubros logísticos llega a representar una quinta parte del costo total.
Como era de esperarse, el servicio de transporte automotor lidera el ranking de exposición con un share de combustible del 20,6%.
Esto explica por qué cualquier movimiento en la pizarra de las estaciones de servicio se traslada de forma casi inmediata a las tarifas de fletes y, por carácter transitivo, al precio final de los bienes de consumo masivo que llegan a las góndolas.
Apenas un escalón por debajo se encuentra el transporte por vía aérea, con una incidencia del 20,15%.
En un contexto de revisión de subsidios y búsqueda de rentabilidad, las aerolíneas enfrentan el desafío de absorber estos costos o trasladarlos a pasajes, impactando directamente en el turismo y el transporte corporativo.
Sin embargo, el impacto no se limita al traslado de mercaderías.
Rubros como las construcciones agropecuarias (13,26%) y a la fabricación de gases comprimidos y licuados (12,47%), que registran una dependencia estructural muy alta del valor de los combustibles.
Incluso la generación y distribución de energía eléctrica muestra un share del 11,15%, lo que evidencia que el aumento de los combustibles líquidos termina presionando la matriz energética nacional.
Por último, Milei brindó una entrevista al diario digital español El Debate, en la que advirtió que quedan pendientes ajustes de tarifas que harán más lenta la desinflación: "Veníamos padeciendo un alza de los precios del 1,5 diario. En diciembre de 2023 estaba en 54 % mensual. Hoy la inflación mayorista viaja por debajo del 1 % mensual. Es decir, pasó a viajar al 13 ó 12 % anual. Usted lo puede medir en la inflación al consumidor que esa tiene más retrasos, ya que sufre ajustes de tarifas y demás, con lo cual es mucho más difícil perforar esa línea. Queda pendiente una gran corrección de precios regulados que hace que vaya a tardar más en verse el efecto sobre la inflación".
Y agregó: "El año pasado la minorista terminó con un 32% de aumento y la mayorista en un 24%. Esta va camino de estar en torno al 10% y la del consumidor, en torno al 20%. Tenga en cuenta que todavía quedan las correcciones de precios regulados, los relativos a materias primas y el salto en el precio del petróleo". Sobre eso último, el presidente de YPF, Horacio Marin, adelantó: "YPF va a mantener los precios estables durante 45 días, pero luego, cuando se estabilice, los consumidores nos van a tener que ayudar para recuperar lo que nosotros ayudamos".
Para marzo las consultoras prevén una inflación en torno al 3%: Equilibra observó un 3,3% en el mes; Analytica un 3%; idéntico al 3% que proyectó Eco Go; sólo C&T planteó dudas acerca de un IPC por encima del 3% en marzo, con una proyección del 2,7%. Con todo, en promedio esas previsiones apuntaron a un 3% que, de ocurrir, y el Indec publicará el dato oficial el martes 14 de abril, significará que la inflación nacional cumplió diez meses sin desinflar, desde que en mayo del año pasado anotó un 1,5%. Desde entonces, nunca un mes marcó una inflación menor a la del anterior.
Ya el ministro de Economía, Luis Caputo, había abandonado la idea de inflación meramente monetaria y había dado a entender, tras el 2,9% que marcó febrero, que la causa era que la economía enfrentaba una corrección de precios relativos, es decir un fenómeno pasajero. La consultora PxQ había indicado en ese sentido que las dificultades para continuar con el ancla fiscal iban a obligar ajustar los subsidios energéticos, fundamental una vez que el esquema de bandas terminó con el ancla cambiario como garantía. Eso, indicó la consultora, será inflacionario.
Además, PxQ señaló: "En un esquema que pierde sus anclas, los cambios en los precios relativos pueden no solo producir aceleraciones transitorias de la inflación, sino permanentes, riesgo que hoy comienza a materializarse. El ajuste adicional que requiere este contexto vendrá del lado de la quita de subsidios, es decir, aumentos de tarifas, que si bien en mínimos históricos, hoy todavía representan un gasto del 1% del PBI. Sin embargo, los efectos de primera vuelta de esos ajustes son inflacionarios y, además, agravan la debilidad de la demanda debido a la baja elasticidad-precio de la demanda de servicios públicos".