El rosarino, aficionado a los deportes náuticos, recorría en una embarcación de turistas una zona de Panamá lejos de los circuitos tradicionales para viajeros cuando le llamó la atención la presencia en el horizonte de muchos pequeños barcos fondeados no muy lejos de la costa.
No eran yates de lujo, ni nada parecido, pero tampoco muy precarios. Intrigado, le consultó al guía, lugareño de la zona, sobre el llamativo agrupamiento que no parecían ni para la pesca o para el turismo. Y la respuesta lo dejó maquinando aún más: muchos de los que están ahí viven en esos barcos (y van lo justo y necesario a la costa) porque son extranjeros que no quieren que los encuentren y se aprovechan de que, por las disputas territoriales y jurisdicciones no muy claras de la zona, las autoridades no suelen frecuentar y mucho menos actuar allí, por ejemplo con detenciones.
Así Rosario 3, en el mes de Enero del año 2024, daba una de las tantas ubicaciones de la embarcación del estafador prófugo Roberto Daniel Mondaini, quien en agosto dejó un millonario “paga Dios”, sobre todo entre mucha gente de río (incluso entre sus compañeros del club de la costa rosarina en la que tenía su barco amarrado), y se la mostró al guía para preguntarle si lo conocía. “Ah, el uruguayo. Lo conozco. Hace no más que un par de meses que llegó acá”, fue la respuesta que obtuvo y que lo dejó frío. Mondaini no es uruguayo, pero está confirmado que se escapó de Argentina vía Uruguay. El inocultable cambio de expresión en el rostro del turista alertó al guía, quien de inmediato se cerró y abandonó el diálogo sobre el tema.
Pasan los años y nadie da respuesta de su paradero ni la ruta de negocios. Varios socios del mismo en la Ruta de la Plata de nuestra Florida callan y esperan el olvido.