¿Cómo nace tu vínculo con la creación de contenido? ¿Qué te impulsó a comenzar?
Arranqué desde la curiosidad. Como se dice, “la curiosidad mata al gato”, pero a mí me impulsa. Empecé con contenidos de viajes en Instagram, hace más de diez años, cuando la plataforma recién arrancaba. Pero hubo un momento bisagra: un cordobés venía por trabajo a Rosario y no quería entrar por miedo. Me pareció injusto. Ahí sentí la necesidad de mostrar la otra Rosario, la cultural, la arquitectónica, la musical. Y así nació “Rosario La Ciudad”.
—¿Qué buscás con tu contenido?
Ser una especie de turista en mi propia ciudad. Mostrarle Rosario al que está afuera, pero también redescubrir a los que estamos acá. El eslogan que adopté es: “Que el de afuera la disfrute y que el de acá la descubra”. Yo mismo voy aprendiendo con cada recorrido y lo comparto.
—¿Cómo fue la respuesta del público?
Muy explosiva. Creció rápido. Me dedicaba muchas horas: investigaba, jugaba, experimentaba con cámaras, ángulos distintos. Lograr atención es clave en redes, y creo que lo lúdico fue un diferencial. Hoy, incluso, hay gente que me reclama si no subo una foto cuando llueve o si hay luna llena. Siento la responsabilidad de estar.
—¿Eso cambió tu relación con la ciudad? ¿Perdiste la espontaneidad?
Para nada. Sigo igual de curioso. Me impulsa la misma inquietud. Incluso en vacaciones con mi familia, terminó contando la historia de una columna o investigando algún dato. Es algo que está en mí.
—¿Qué lugar te sorprendió más en estos años de recorrido?
El Monumento Nacional a la Bandera. Lo viví desde adentro: hablé con los empleados que lo llaman “la proa” o “la popa”, como si fuera un barco. Tiene pasadizos huecos, salas escondidas, agujeritos desde los que te miran. Eso explotó mi curiosidad. También me sorprendió la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en San Martín al 3800. Me invitaron por los 100 años de su presencia en Argentina, y pude entrar a un lugar que siempre veía cerrado. Esas experiencias, para mí, son un placer.
—¿Creés que Rosario siempre tiene algo nuevo para mostrar?
Rosario es inagotable. Es intensa, diversa, profunda. Acá conviven culturas, orígenes, religiones. No hay grandes barrios separados: estamos todos mezclados. Esa convivencia nos dio una identidad propia. Es difícil de explicar Rosario desde afuera, por eso hay que contarla desde adentro.
—¿Cuál es el evento cultural más importante para vos?
Sin duda, el 20 de junio. Somos la cuna de la bandera argentina. Ese día tiene un valor enorme que a veces olvidamos. Nos falta más compromiso ciudadano para celebrarlo como se merece. No es cuestión de colgar una bandera por obligación, sino de reconocer el símbolo que nos une.
—Y para cerrar: ¿cómo describís a Rosario en una palabra?
Rosario es única. Es irrepetible. Está muy ligada a su gente. Así como los cordobeses tienen su impronta, los rosarinos tenemos esa relación especial con la ciudad: somos los primeros en defenderla y también en criticarla. Nací el 20 de junio de 1977 en Rosario. Creo que eso marcó mi destino.
Una ciudad que vibra, que se cuenta a sí misma a través de quienes la habitan. Gonzalo Velázquez convirtió su amor por Rosario en una forma de militancia cotidiana, y lo hace con el entusiasmo intacto de aquel primer posteo. A través de “Rosario La Ciudad”, cada rincón vuelve a ser descubrimiento. Porque como él dice: si ya no nos emociona, es momento de revisarnos.
Por: Ignacio Dosba