La tregua de 14 días entre Estados Unidos e Irán es algo incierto en este momento. Volvió a quedar bajo presión por un frente que quedó afuera del acuerdo: el Líbano. Mientras Washington y Teherán intentan sostener una pausa militar frágil, Irán advirtió que podría volver a endurecer su postura sobre el estrecho de Ormuz si Israel no detiene sus bombardeos sobre territorio libanés.
La tregua de 14 días entre Estados Unidos e Irán es algo incierto en este momento. Volvió a quedar bajo presión por un frente que quedó afuera del acuerdo: el Líbano. Mientras Washington y Teherán intentan sostener una pausa militar frágil, Irán advirtió que podría volver a endurecer su postura sobre el estrecho de Ormuz si Israel no detiene sus bombardeos sobre territorio libanés.
El mercado, por ahora, apostó a la distensión. Pero la advertencia iraní vuelve a poner sobre la mesa el peor temor global: que el conflicto se corra otra vez desde la diplomacia a la energía. Si Israel mantiene el frente abierto en Líbano, la tregua puede seguir formalmente viva, pero el equilibrio real en Medio Oriente volverá a pender de un hilo.
¿Regreso a "fojas cero"?
Irán volvió a endurecer su postura sobre el estrecho de Ormuz porque considera que el alto el fuego parcial con Estados Unidos quedó vacío de contenido mientras Israel siguió bombardeando Líbano. Para Teherán, si uno de sus principales aliados regionales - Hezbollah -sigue bajo ataque, entonces no existe una verdadera desescalada y no hay razones para garantizar la normalidad del principal corredor energético del mundo.
La lógica iraní es simple: Ormuz es su principal herramienta de presión. Por ese paso marítimo circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial y una parte clave del gas natural licuado que sale del Golfo. Cada amenaza de cierre repercute de inmediato en el precio del crudo, en los seguros marítimos y en la presión diplomática internacional.
Además, Teherán ya había dejado claro que la reapertura del estrecho no sería plena ni automática, sino limitada, supervisada y condicionada al cumplimiento de la tregua. El acuerdo de 14 días con Washington abrió una ventana para negociar y prevé conversaciones formales el viernes en Islamabad, con mediación pakistaní. Pero Irán dejó implícito que, si la violencia regional continúa, puede volver a usar Ormuz como palanca.

Irán tiene elementos para mantener el control del estrecho de Ormuz y por eso dice que volvió a cerrarlo ante los ataques de Israel sobre Hezbollah en El Líbano.
Si se frustra la conversación del viernes y el cese del fuego
Ese es hoy el mayor temor del mercado y de la diplomacia. Si la conversación prevista para el viernes fracasa y el alto el fuego se rompe, Ormuz puede volver a quedar prácticamente bloqueado o sometido a un tránsito mucho más restringido.
Eso implicaría tres efectos inmediatos: una nueva suba del petróleo, mayor tensión militar en el Golfo y una ampliación del conflicto a otros actores regionales. En ese escenario, Irán intentaría subirle el costo internacional a Estados Unidos y a sus aliados, sin necesidad de atacar directamente territorio norteamericano. El mensaje sería claro: si no hay negociación real, tampoco habrá estabilidad energética global.
Israel dice que seguirá atacando
El punto más explosivo es que Israel ya dejó claro que no considera a Líbano dentro del acuerdo. El gobierno de Benjamin Netanyahu sostuvo que la tregua con Irán no implica frenar las operaciones contra Hezbollah, y en las últimas horas continuó con ataques sobre Beirut, el valle de la Bekaa y el sur libanés. Para el primer ministro Netanyahu, la tregua entre EE.UU. e Irán no lo invloucra en su guerra propia con Hezbollah y sus posiciones en El Líbano. Pero para el régimen fundamentalista, todo es un mismo problema. Hezbollah, aliado de Irán no puede seguir siendo atacado por Israel.
Eso coloca a la tregua en una situación extremadamente frágil. Formalmente, puede seguir vigente entre Washington y Teherán. Pero en los hechos, si Israel mantiene abierto el frente libanés, Irán puede interpretar que el cese del fuego fue solo una pausa táctica y no una salida política. Ahí vuelve a aparecer Ormuz como el botón de presión más sensible del conflicto.
