Jugar para perder: la invasión de las apuestas deportivas, las trampas para los jóvenes y el riesgo disimulado de un consumo en auge

Juan despilfarró una fortuna en tres semanas: dejó de apostar cuando llegó el resumen de la tarjeta. Federico dilapidó su aguinaldo en un par de horas: dejó de apostar cuando su mamá se descompensó al enterarse. Ambos tienen contados los días que llevan de abstinencia. Voces que ponen en relieve un drama moderno y que ilustran un escenario cada vez más complejo

 

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