Tres crímenes, un patrón inquietante: el intento de hacer desaparecer los cuerpos

Los casos de Gastón Montenegro, Ramiro Nast y Benjamín Scerra comparten un patrón: primero los jóvenes fueron denunciados como desaparecidos y días después aparecieron asesinados. Aunque las investigaciones no los vinculan entre sí, los hechos generan gran conmoción en la región.

El hallazgo del cuerpo de Gastón Montenegro, el joven de 25 años que era buscado desde fines de junio, volvió a poner el foco sobre una serie de casos recientes que encendieron una señal de alarma en el Gran Rosario. En los últimos meses, al menos tres jóvenes fueron denunciados como desaparecidos y posteriormente encontrados asesinados. Si bien las causas no presentan conexiones entre sí y responden a contextos diferentes, comparten elementos que despiertan preocupación: la desaparición previa de las víctimas y el intento de ocultar los cuerpos.

Montenegro de 25 años fue encontrado este sábado enterrado en un camino rural de Serodino, luego de más de una semana sin noticias sobre su paradero. Su familia había denunciado que había sido obligado a subir a un automóvil en Capitán Bermúdez. La investigación apunta a un homicidio y, de acuerdo con los primeros datos aportados por los investigadores, una de las hipótesis está vinculada con un conflicto relacionado con la comercialización de estupefacientes.

Semanas antes se habían registrado dos episodios con características similares. En abril, Ramiro Nast, de 23 años, desapareció en Funes y fue hallado asesinado dentro de una heladera abandonada en un zanjón. Tenía 23 años, trabajaba en un supermercado y había sido visto por última vez en un cumpleaños. Su desaparición movilizó a toda una comunidad que, durante días, mantuvo la esperanza de encontrarlo con vida.

En mayo, Benjamín Scerra, de 19 años, fue buscado durante una semana hasta que familiares encontraron su cuerpo en una zona de monte en Capitán Bermúdez. Uno de los acusados le habría dado 20 puntazos, lo que le provocó la muerte.

Un patrón que se repite

Los expedientes de Nast, Scerra y Montenegro presentan un rasgo común que los diferencia de buena parte de los homicidios registrados históricamente en Rosario y sus alrededores: el intento de ocultar los cuerpos. Este aspecto es importante porque hubo intenciones de dificultar el hallazgo de los cadáveres, que fueron trasladados y escondidos. Esa maniobra claramente conduce a entorpecer la investigación y el esclarecimiento de los crímenes. Sin embargo, en todos los episodios las investigaciones avanzaron con rapidez y permitieron localizar los cuerpos e identificar a presuntos responsables en poco tiempo.

Conflictos que escalaron hasta el crimen

Aunque las investigaciones continúan abiertas, los tres homicidios presentan un trasfondo de conflictos puntuales que derivaron en hechos de extrema violencia.

En el caso de Gastón Montenegro, el director provincial de Investigación Criminal, Darío Chávez, sostuvo que la principal hipótesis apunta a una "muerte violenta" en el marco de un conflicto relacionado con la venta de drogas. El joven había sido visto por última vez el 26 de junio en Capitán Bermúdez. La investigación por el crimen de Ramiro Nast reveló una disputa vinculada a una presunta deuda de dinero relacionada con el consumo de estupefacientes. En una primera etapa fueron imputados tres hombres acusados de golpearlo hasta causarle la muerte dentro de una vivienda. Días atrás, además, fue imputado un presunto vendedor de drogas cuya actividad surgió durante esa investigación.

En el expediente por el asesinato de Benjamín Scerra hay cuatro integrantes de una misma familia imputados. Según la reconstrucción presentada en la causa, todo comenzó tras una discusión ocurrida durante una reunión en una vivienda de Capitán Bermúdez. En una audiencia judicial también surgió el testimonio de un testigo que afirmó que la víctima había realizado comentarios sobre supuestos vínculos con una banda criminal y sobre un homicidio ocurrido con anterioridad, circunstancias que forman parte de la investigación.

La repetición de desapariciones seguidas por hallazgos de víctimas asesinadas abre un interrogante que preocupa tanto a los investigadores como a las familias: si el intento de ocultar los cuerpos comienza a convertirse en un patrón dentro de determinados contextos de violencia criminal en el Gran Rosario.

 

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