La suspensión sorpresiva de los vuelos especiales programados por Aerolíneas Argentinas para el Mundial de fútbol dejó una profunda decepción entre los viajeros de la región. La compañía de bandera decidió cancelar las rutas que unirían terminales del interior con Miami a partir del 8 de junio, una iniciativa que buscaba descentralizar el transporte y facilitar el traslado de los hinchas sin la necesidad de pasar por Buenos Aires.
El plan original, anunciado con entusiasmo durante la temporada de verano, contemplaba una ambiciosa estrategia de conectividad federal. Desde el Aeropuerto Internacional de Rosario (AIR) se preveían tres frecuencias semanales operadas con aeronaves Boeing 737 MAX, las cuales realizarían una escala técnica en Punta Cana antes de llegar a destino. La oferta global sumaba además dos servicios desde Córdoba y otros dos desde Tucumán, configurando un incremento patrimonial del 93% en los asientos disponibles hacia Florida respecto del año anterior.
Sin embargo, el panorama comercial en los mostradores no acompañó las expectativas de las agencias de turismo. La baja demanda de pasajes obligó a la empresa estatal a retirar los servicios de todos los canales de venta, desactivando incluso la proyección de mantener la ruta Córdoba–Miami de manera regular una vez finalizado el torneo ecuménico.
Como único paliativo para los fanáticos del fútbol, la aerolínea mantendrá activos los vuelos especiales hacia Dallas y Kansas. Estos trayectos específicos sí continúan confirmados con el objetivo de acompañar la logística de la Selección Argentina durante la primera fase de la competencia deportiva.
El impacto local se siente con fuerza en las agencias de viaje y en las familias de Funes que ya planificaban sus itinerarios. Con esta marcha atrás operativa, los pasajeros de la zona quedan obligados a reestructurar sus agendas, afrontar mayores costos de traslado terrestre o aéreo hacia Ezeiza y depender exclusivamente de la oferta que se centraliza en las terminales porteñas.
