Empresarios, sindicatos, gobernadores y EEUU empujan para que Massa sea candidato

“No tengo contexto familiar para encarar una batalla electoral”, “Entraré en un tiempo de receso”, “De ninguna manera voy a ser candidato”, son algunas de las declaraciones que Sergio Massa le ha dado a cada interlocutor que le pregunto si será candidato en 2023. Pero en el mercado las expectativas son otras: creen que Massa no devaluará en los próximos meses y que incluso la inflación podría bajar al 3% mensual en marzo como propone el ministro. 

Si esto se da, afirman los operadores de la city porteña, y sin Cristina Fernández de Kirchner como candidata por haberse auto proscripto por los medios, a Massa no le quedaría otra posibilidad que ser el candidato del peronismo para el año que viene. En la devaluación, dicen en las mesas, está la clave: desde la salida de Guzman, Massa comenzó a devaluar el oficial para salir de la apreciación cambiaria que había heredado y logró que la devaluación mensual siga el ritmo de la inflación, incluso alguna décima por encima del índice de precios. 

Dicen también en la city porteña que una prueba que los sojeros, los grandes tenedores de dólares de la Argentina, no ven un escenario de devaluación inmediata se puede observar en los contratos a futuros del ROFEX: el interés abierto, que marca cuantos contratos a dólar futuro y se usa para cubrirse de las devaluaciones, cayó a u$s3.200 millones. A fines de julio, los contratos eran por u$s9.678 millones. Las señales para el mercado son claras, y las está dando el Banco Central, que a fines de octubre el BCRA vendió a u$s1340 millones en contratos a futuro como seguro de cambio, mientras que en julio había vendido u$s8.000 millones que alcanzó a fines de julio. Las razones de porque Massa y su equipo no devalúan son más que evidentes: saben que lograr una mayor competitividad vía una devaluación, en el medio de un intento de recomposición salarial, reducción del subsidio a las tarifas energéticas, actualización de los precios de los combustibles y suba en la tasa de interés, descontrolaría aún más la inflación y traería de vuelta el fantasma del “rodrigazo”.

Claro que no es solo el manejo de la crisis económica lo que lo empuja a anotarse para el duelo presidencial de 2023. Carlos Acuña, uno de los líderes de la Confederación General del Trabajo (CGT), pidió en público Massa sea candidato. En privado (y no tanto), también se lo pidieron los empresarios más importantes del país en el Alvear durante el tradicional encuentro del Cicyp. Y gobernadores como Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Jorge Capitanich (Chaco), Oscar Herrera Ahuad (Misiones) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero) lo apoyan públicamente. Algunos dicen que lo apoya incluso el mismo Gerardo Morales (Jujuy), a pesar de la pirotecnia verbal que suele usar el gobernador que promete ganarle la interna de JXC a Macri o Larreta. Los intendentes de la provincia de Buenos Aires dicen que es su “candidato natural”. En Washington también lo apoyan: el tigrense tiene inmejorables relaciones con el partido Demócrata de los EEUU. Tal es asi, que el senador estadounidense Bob Menéndez, titular de la comisión de Relaciones Exterior del Senado, habla de masa como un “amigo de los EEUU”.

Lo cierto es que la autoexclusión de ser candidato de CFK en 2023 descoloca incluso los planes de Massa, que pensaba presentarse en 2027. Planes que por ahora parecen haber cambiado rotundamente, y que podrían acercar aún más, ya sin Cristina Kirchner como candidata, al ministro de Economía y Máximo Kirchner, ahora sí como heredero político último del kirchnerismo. Todas teorías que pueden verse desarmadas en pocas horas, porque después del renunciamiento de su candidatura, CFK encabezó un encuentro en Ensenada (a pocas horas de escuchar la la sentencia del TOF 2 que la condenaba a 6 años de prisión) y les  pidió a los dirigentes del peronismo de la provincia de Bs As que tomen el “bastón de Mariscal” para la contienda del año que viene. Una clara muestra de que los animales políticos, aunque se nieguen a conducir la manada, nunca pierden el olfato.

DC