Testimonios contundentes en el juicio por Franco Casco

“No se mueve más, no se mueve”, fue la frase utilizada el último viernes por uno de los tres testigos que desfilaron ante el Tribunal Oral Federal para describir lo ocurrido en la madrugada del 7 de octubre de 2014 en la comisaría séptima con Franco Casco. Previamente, relataron que hubo advertencias de una mujer policía a sus compañeros para que dejaran de pegarle, hasta que se escuchó un golpe seco. Fue en plena madrugada. “A partir de estos testimonios que se produjeron en esta audiencia nos acercamos el fin del juicio,  porque han producido un nivel de convencimiento muy fuerte en los jueces en relación a algunos temas centrales del caso, como es lo de la detención, el trato que recibió Franco tras su detención”, dijo el abogado querellante Salvador Vera. Para el letrado, “dado el nivel de acreditación de los extremos centrales de la acusación que tienen que ver con el día de la detención de Casco y con la confirmación de los sucesos dentro de la comisaría, no quedan dudas que Franco murió por responsabilidad de la acción de los policías de la seccional séptima”.

Para el letrado, los testimonios corroboran que “el ingreso de Franco se produce sin lugar a dudas en la noche del 6 de octubre de 2014, cerca de la medianoche, de acuerdo a los principales testigos. Uno de los detenidos en la comisaría dijo que lo ve ingresar a Franco, y lo describe como un chico con gorrita, recuerda haberlo visto y relató luego la tanda de agresiones que recibió Franco la primera vez cuando lo ingresan a la llamada ‘jaulita’ y la segunda vez durante la madrugada” explicó el abogado Vera. Franco estuvo detenido en la séptima, y permaneció desaparecido durante 3 semanas, hasta que -luego de una intensa movilización de organizaciones sociales, políticas y contra la violencia institucional- su cadáver apareció en el río Paraná el 30 de octubre de 2014. 

El letrado querellante destacó que “los testigos, que eran detenidos, no tienen precisión del horario porque no tienen reloj y solo tenían la posibilidad de ubicarse con precisión de la hora con referencias de los eventos que ocurren dentro de la comisaría. Esto es el momento de irse a dormir o de cenar. Por eso dicen que los golpes son durante la madrugada, antes del amanecer, en las primeras horas de la madrugada. Luego de ese episodio confirman el cambio de actitud de la policía en relación a ellos y se producen todas las serie de amenazas sobre ellos, dentro de la misma comisaría a los fines de que los internos no den cuenta de la detención de Franco, que manifiesten que no había estado detenido en los calabozos de la seccional. Las presiones llegaron a través de Carlos Irusta que era el delegado de los detenidos y después a través del personal policial directamente”.

Según Vera, “hubo tres testigos hasta ahora que han declarado amenazas en distintos momentos de hecho, y que pidieron por favor al tribunal una medida a los fines que dejen de amenazarlos, no solo a ellos sino a su familia. Según nos relataron quiénes amenazaron son parte del personal policial que había estado involucrado en el caso, pero también hubo un tercero que que no logran identificar”.

“Es más, también a uno de ellos le han llegado amenazas a través de algún personal del servicio penitenciario. Por eso uno de los ellos está con medidas de resguardo en una cárcel y estamos trabajando con el Programa de protección a testigos”.

Por su parte, Santiago Bereciartúa abogado querellante por Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, valoró como “muy importante” el testimonio del primero de los tres testigos que declararon el viernes ante el tribunal federal. “Se encontraba alojado en un espacio que estaba al frente de ‘la jaulita’, que es donde detuvieron a Franco y en dónde iban poniendo la gente por averiguación de antecedentes. Este es un lugar de paso de personas detenidas antes del traslado, a veces hasta 24 horas los tenían ahí”. 

Según este abogado, “el testigo tuvo la posibilidad de estar más cerca de Franco y dice haberlo visto por la ventanita de la puerta de ese lugar en la cuadra. Desde ahí dijo que escuchó los golpes, los gritos de dolor de Franco, y dice que escuchó cuando le tiraron agua. Esto es importante porque en la foto de la comisaría, el pantalón de Casco está mojado. Eso también es importante: por la hendija pudo ver que pasaron tres personas,  hacia la jaulita, y recordó que hubo movimientos esa noche en los calabozos, además de Franco, que eran policías que iban y venían. También relató el momento cuando le estaban pegando y se escucha un golpe fuerte y luego no se escuchó más nada. Al otro día, este testigo es trasladado y entiende que puede tener que ver con esto, ya que uno de los jefes le dijo que tenía un problema, así que lo tenían que sacar de ahí”, aseguró Bereciartúa.

Según el abogado querellante, uno los testigos aceptó empezar a declarar ante Asuntos Internos, pero cuando vieron que estaba dispuesto a hablar terminaron la charla. “Esto lo hizo a pesar de que los policías de la séptima estaban cerca de ellos y podían escuchar lo que decían los detenidos, que eran interrogados por esta gente”.

Otro dato de interés volcado en las testimoniales del viernes fue que la famosa “jaulita” fue limpiada luego de la golpiza a Casco, antes que Asuntos Internos llegara al lugar. 

No es la primera vez que detenidos que declararon como testigos en esta misma causa relataron los tratos crueles sobre Casco. “Les gritábamos que dejaran de verduguearlo”. “Gritaba con desesperación, como un grito de auxilio, de socorro. Más allá de lo que seamos, somos personas y nos daba impotencia entre nosotros hacia la autoridad”, agregó.


“Se escuchaban toques así, como de piñas. Se escuchaba como un gemido, el loco gritaba de dolor. No llegamos a hablar con él. Sí eran como nos golpeaban a nosotros, eran golpes copados”, indicó. Luego contó que entre los internos notaron algunas características de esa persona: “No era del sistema de nosotros, del palo malo, de hacer las cosas mal. Uno se da cuenta cuando una persona no es de estar haciendo macanas con nosotros. Te das cuenta que tenía otra mentalidad, por cómo trataba a la autoridad. No usaba nuestro lenguaje, no era un muchacho como nosotros, de nuestra jerga”.

Otro testigo, también habló de una madrugada en la que se escucharon gritos desde la llamada “jaulita”. “Cada dos por tres cuando terminaban de pegarle le hablábamos, muchacho de dónde sos, por qué estás”, recordó que intentaron dialogar con quien se presume era Franco Casco. Sobre ese lugar de detención de personas incomunicadas este testigo, que pasó por ahí, lo describió como “una celda, no tenés inodoro, tenés un agujero en el piso, si querés hacer necesidad es ahí”. “A la jaulita la usaban para pegar, te metían ahí, te pegaban entre dos o tres y ahí te dejaban”, contó.

José Maggi gentileza: Rosario 12