Argentina, nueva parada de la Ruta de la Seda, el plan estratégico de China

El canciller argentino, Santiago Cafiero, confirmó por primera vez que el país firmaría con el gigante asiático su cooperación con la Iniciativa de la Franja y Ruta, un proyecto de cuatro billones de dólares en inversiones en infraestructura global lanzado en 2013 por el presidente chino, Xi Jinping, al que adhirieron más de 100 países.

Las relaciones bilaterales entre Argentina y China están en un momento de auge, con importantes acuerdos comerciales por la venta de alimentos y materias primas y potenciales nuevas inversiones en infraestructuras ferroviarias, energéticas y de telecomunicaciones.El gigante asiático es el principal comprador de soja (90% de la exportación) y carne (65%), y sumó nuevos acuerdos para la adquisición de vino y limones. Cuenta con proyectos en marcha para la minería de litio, oro y exploración de coltán, la producción de hidrocarburos y una base de exploración espacial en la provincia

patagónica de Neuquén (sur).Pero los vínculos podrían estar a punto de potenciarse si se concreta la firma del país a la Iniciativa de Franja y Ruta —BRI, por las siglas en inglés para Belt and Road Initiative—, un ambicioso plan chino de expansión estratégica global, que el canciller argentino, Santiago Cafiero, confirmó en entrevistas recientes por primera vez.

China busca consolidar su influencia económica y política mundial a través de inversiones en países en vías de desarrollo, visto como una amenaza por los países del G7 —que incluye a EEUU, las potencias europeas y Japón— a su preponderancia.

La BRI fue anunciada en 2013 por el presidente chino, Xi Jinging. Proyecta el financiamiento por cuatro billones de dólares en autovías, ferrocarriles, puertos marítimos y aéreos, gasoductos y oleoductos, y desarrollo tecnológico, con el objetivo de potenciar el comercio y posicionarse geopolíticamente.

Es apodada como la nueva Ruta de la Seda, en referencia a la red de caminos comerciales que unían en la Edad Media al imperio oriental con los reinos de occidente, y también como el Plan Marshall chino, por la vinculación con el apoyo económico que dio EEUU para la reconstrucción de los países del oeste de Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Potencialidades y limitaciones

Si bien en un principio China apuntó a inversiones en infraestructura terrestre y portuaria en países cercanos de Asia, rápidamente consiguió acuerdos con casi la totalidad de las naciones africanas, muy necesitadas de financiamiento blando para su desarrollo rezagado, y a las que los grandes inversores occidentales evitaban por el alto riesgo.

Esta estrategia es cuestionada por las principales potencias del oeste, que aseguran que el gigante asiático especula con que los países de economías endebles no podrán pagar las deudas por el financiamiento ofrecido, para de esta manera asegurarse enclaves en todo el globo.Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), China invirtió unos 90.000 millones de dólares en la región entre el 2005 y el 2016. En 2015, las autoridades chinas anunciaron planes para duplicar el volumen de negocios comerciales con la región de 250.000 a 500.000 millones de dólares para 2025.

La CEPAL estima que el capital chino se invierte especialmente en el sector latinoamericano de internet. En 2017, las empresas chinas invirtieron 18.000 millones de dólares. China se convirtió en el mayor inversor extranjero en el sector tecnológico latinoamericano, representando el 42% de la inversión extranjera.

Cafiero, ministro de Relaciones Exteriores, comentó durante una reunión del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) que el país ya cuenta con 16 proyectos priorizados con financiamiento chino y que el Gobierno busca compatibilizarlos con la BRI.Se espera que la firma se realice durante la próxima visita del presidente argentino, Alberto Fernández, a China, quien fue invitado por Xi, viaje que fue pospuesto desde mayo pasado y todavía no confirmado por el avance de las nuevas variantes de COVID-19.

El interés de China por Argentina está más ligado a los recursos primarios. China es la nación más poblada del mundo con 1.400 millones de habitantes y el segundo más grande en territorio luego de Rusia, con 9,6 millones de km2, pero solo 15% de esta superficie está disponible para la agricultura. Argentina es el octavo país en extensión y cuenta con zonas arables en 80% de su espacio, una proporción que la ubica solo debajo de EEUU y Brasil en este aspecto.Algunos de los principales proyectos son:

Inversiones ferroviarias“Argentina está en la nueva ruta de la seda por lo que significa el entramado del ferrocarril Belgrano de cargas, sostenida y financiada por empresas chinas. La red involucra el centro y noroeste del país, vinculado no solamente al transporte de cereales y granos sino también a la explotación minera, y que conecta con Bolivia, Brasil y Chile”, comentó el coordinador académico de la especialización en Economía y Negocios con Asia del Pacífico e India de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Ruta de la Seda DigitalCesarin también mencionó que Argentina se encuentra involucrada en el aspecto tecnológico del plan de inversiones, apodado Ruta de la Seda Digital, en colaboraciones de la compañía china Huawei con Arsat, la empresa estatal argentina de tecnología satelital. En este aspecto, el mayor debate y presión internacional se da alrededor de la tecnología 5G, sobre la que no hay definiciones.La hidrovía, la Antártida y central atómicaOtros de los proyectos que más interesan a China es el desarrollo de la Hidrovía del Río Paraná, la construcción de un polo logístico antártico en la provincia austral de Tierra del Fuego y la construcción de un nueva central de energía atómica, Atucha III, según un acuerdo de cooperación firmado en 2019, una planta con reactor de tercera generación de tecnología Hualong de 1.200 MW, que sería financiado por bancos del gigante asiático.

“El formal ingreso de Argentina significaría un hecho simbólico de la adhesión de un importante país sudamericano a su proyecto, cuestionado por EEUU y Europa, que temen perder influencia. Podría afectar las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) [por la deuda de 44.000 millones de dólares] donde EEUU tiene alto poder de decisión”, advirtió el experto.