Quebrados: Gobierno y Corte ante la nebulosa de la crisis política

Crisis, fracturas. Combinación peligrosa en plena pandemia nacional. La quieren jubilar por anticipado pero aún sigue rondando al acecho. Si a la vez, los dirigentes están lejos de alcanzar acuerdos mínimos, la mesa agria está servida.

La última fractura quedó cristalizada con la deslucida consagración de Horacio Rossatti, quien fue ninguneado por dos ministros del Alto Tribunal como  Elena Highton de Nolasco y Ricardo Lorenzetti, quien pretendía volver al trono.

Nunca es bueno, mas allá de las diferencias lógicas de gusto, que un presidente de la Corte salga elegido con tanta división interna.

Los dos disidentes ni siquiera participaron del cónclave. Rossatti y Rosenkrantz se debieron votar a si mismo y  los terminó de abrazar Juan Carlos Maqueda, quien contará con una porción importante del nuevo poder de la Corte con una nueva y ajustada mayoría para lidiar próximos fallos importantes que espera el gobierno.

El Horacio cortesano deberá exhibir su capacidad de negociador y constructor de un clima de trabajo, sabiendo desde el vamos que el espíritu de mayor horizontalidad en el funcionamiento del Alto Tribunal debería primar como garantía de su funcionamiento.

La fractura en el Poder Ejecutivo se expande tras la carta de Cristina que generó un colapso entro los cascoteados alfiles del Albertismo. La renovación del gabinete, con la inclusión del tucumano Juan Manzur, intenta ser un finito equilibrio entre los dos bandos para que no se rompa antes del 14 de noviembre.

Manzur, pícaro como Aníbal, reclamó a los ministros que coordinan “todos los días buenas noticias”, como si fuera fácil la invención en tiempos de cólera.