¿Cafiero candidato?… Y oxigenan al Gobierno

En el FdT esperan una cumbre entre el Presidente y la vice para ordenar el mapa interno. Alberto insiste en que no cederá a Cafiero para encabezar la boleta en la Provincia de Buenos Aires. La presión de Cristina y Massa opera como una herramienta para forzar un cambio de Gabinete que Fernández programa hacer luego de la elección.

Alberto Fernández en Casa Rosada. Máximo Kirchner y Sergio Massa en Diputados. Como capitales alternas y antagónicas de un imperio convulsionado, a 96 horas del cierre de listas el panperonismo se entregó a un ejercicio frenético de subibaja de candidatos, cumbres multitarget, reproches cruzadosy pulseadas sobre el formato con que, al final, se acomodarán las cargas en las boletas del Frente de Todos (FdT).

Entre el stress y la incertidumbre, se multiplicó el clamor de que se produzca una sentada bilateral entre los Fernández para ordenar un mapa caótico. El fin de semana, los entornos del Presidente y la vice consideraban que no era necesaria una instancia de este tipo y se daba por hecho que las listas se acomodarían con lógica y criterio. Se apuntó, para eso, a un una mesa operativa compartida por Massa, Máximo y Santiago Cafiero, con Axel Kicillof, Eduardo “Wado” De Pedro y Gabriel Katopodis pivotando según el o los territorios.

Pero en las últimas horas arreció la expectativa de un mano a mano Fernández-Fernández para acomodar las cargas y, sobre todo, apagar los ruidos. Uno, básico: el Presidente mandó a decir, en privado y público, que no quiere desplazar a Cafiero de la jefatura de Gabinete para ponerlo como primer diputado en la provincia de Buenos Aires. A pesar de eso, perdura el coro que milita Cafiero candidato.

Esa disputa descarnada y a cielo abierto debería resolverse en una charla entre los Fernández. “Alberto avisó y se sostiene en esa posición”, avisa un funcionario que habló este martes con el Presidente y entiende que es un error que el dueto Massa-Máximo, la Doble M, insista con la tesis Cafiero, que expresa una postura que sostiene Cristina. “Consideran que es el mejor candidato por su gran gestión como jefe de Gabinete”, ironizó un operador que interactúa con el jefe de los ministros. Es una mención ácida que, quizá, necesite una traducción.

Máximo y Massa comparte la postura de que Cafiero debería encabezar la boleta y, al mismo tiempo, ser un movimiento clave para oxigenar el Gobierno y renovar el gabinete. Por eso, la en la Casa Rosada se repite una ironía ¿Si Santiago es, como dicen, el mejor candidato del oficialismo porque expresa al Gobierno, por qué sacarlo del gabinete? “No es un sacrificio ir primero en la lista de diputados en la provincia de Buenos Aires”, plantea un dirigente de la galaxia K.

Aparecen, luego, dos bibliotecas. Una, invocada por el albertismo y por gran parte de los consultores que acercan sondeos a la Casa Rosada, es que ningún candidato mide más y mejor que la marca Frente de Todos (FdT). Es decir: si ningún candidato suma nada, para qué mover a un ministro que Fernández considera clave en su staff. La otra, más sutil, indica que la presencia de Cafiero no mejora a simple vista la performance electoral pero le quita volumen a Florencio Randazzo y, en menor medida, a Facundo Manes porque interpela a votantes medios que no irían al FdT si el candidato principal fuese una figura marcadamente K o difusa.

De fondo hay, entre muchos, un enojo formal por el hecho de que Fernández haya trasmitido, a través de voceros y por medio del analista Raúl Timerman, su posición explícita de que no quiere a Cafiero como candidato, y que mencione a Leandro Santoro y Victoria Tolosa Paz como candidatos top en CABA y la provincia de Buenos Aires. Para el kirchnerismo, que hace del secretismo una religión, es una provocación que Fernández haya expuesto tan abiertamente sus cartas.

“¿Hace 20 días empezaron a querer echar al jefe de Gabinete por los diarios y se enojan por los modos de Alberto para frenar esa operación?”, se defiende un funcionario. Hay, en el anillo primero del albertismo, una defensa cerrada de Cafiero y, sobre todo, un planteo sobre qué es lo que se discute en esta instancia. “Ellos quieren discutir el gabinete, nosotros queremos discutir las listas. El gabinete no se discute ahora”, sintetiza un funcionario.

Algo, cuando se bucea en las posturas y lecturas de distintos sectores del FdT, queda muy claro: como pocas veces, durante el cierre de listas se extreman las identidades y aparece, como ocurre ahora, eso del “ellos” y “nosotros”. La metáfora recurrente de la familia ensamblada, disfuncional, o la más sutil consideración de que el oficialismo atraviesa dos anomalías: una, la pandemia; dos, aprender a ser un gobierno de coalición. La pelea por espacios y enfoques. A veces se pulsea por un perfil económico, otras por bancas, ahora sobre el cómo y el cuando de la reconfiguración del gabinete.

El punto es ese. Si el cierre de listas es el armado de una boleta -más allá de las tensiones y las crisis que eso genera en un espacio diverso-, o si se convierte en una herramienta para ejecutar un cambio de gabinete. Algo de eso, siquiera micro, habrá con la casi segura presencia de Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social, en la lista bonaerense. Se habla, incluso, de reemplazos: los intendentes Mariano Cascallares o Juan Zabaleta, o el ministro Andrés “Cuervo” Larroque.

Digresión: Cascallares apareció, en una cumbre de intendentes del conurbano sur como posible candidato a legislador provincial, lo que podría traducirse como una plataforma para luego saltar al lugar que, todo indica, dejará vacante Arroyo. En paralelo, otros dos intendentes, Alberto Descalzo de Ituzaingó y Ariel Sujarchuk, de Escobar, aparecen como posibles anotados para la boleta de diputados nacionales.

Hay, incluso en Olivos, una aceptación respecto a que el Gabinete necesita un recambio y recuperar vitalidad. “Sabemos que hay áreas que no funcionan pero son discusiones distintas: ahora discutamos las listas para ganar la elección, el recambio de ministros se hará después de la elección”, apuntan desde la cima del Gobierno. Se gane o se pierda, se podría agregar a ese análisis, según un criterio que derrama de Fernández que armó, en definitiva, un gabinete para una realidad que no contemplaba la pandemia.

“Cristina le dejó poner el gabinete que quiso Alberto. Alberto armó el equipo más pensando en que no fueran cristinistas antes que en su capacidad. ¿Si no cómo se entiende que Trotta pudo ser ministro de Educación o ministro de Trabajo?”, plantea un camporista y cita, como otro ejemplo, a Claudio Moroni, el ministro de Trabajo, un blanco móvil de la metralla K al igual que Matías Kulfas, de Desarrollo Productivo.

Ese ruido mayor intoxica todo lo demás. Para defender la postulación de Cafiero, se le baja el tono a Tolosa Paz, para demandar figuras más fuertes se corre del menú a Nicolás Kreplak. Hay, como contraprestación, una propuesta para que sea una figura como Fernanda Raverta, con conocimiento medio pero un buen nivel de imagen por su rol en ANSeS, la que integre el primer tercio de la lista. “Es funcionaria de Alberto, viene de La Cámpora pero está ligada al PJ, fue del Evita y es una de las preferidas de Cristina. Salvo de Massa, es de todos”. Implicaría dejar la ANSeS, lugar que al principio ocupó un cristinista soft, que había propuesto Cafiero, como Alejandro Vanoli, y que luego ocupó el camporismo

Se habla, incluso, de porcentajes y bancas. “Alberto pidió nueve de los primeros 18 diputados por la provincia. Termina arreglando por cinco, encabeza Santiago y es un gran cierre porque va a tener un grupo propio en Diputados, que es lo que quiere”, teoriza un intendente que circula entre la Rosada y el Congreso y que pide, casi suplica, que se encamine la discusión en la cima del FdT.

“No hay forma de compensar el golpe político que sería para Alberto tener que correr a Santiago de la jefatura de Gabinete. No importa si mete diez diputados ni si el reemplazo de Santiago es uno propio, Katopodis o Vilma Ibarra ¿cómo explican que Cristina te hizo cambiar el jefe de Gabinete?”, sintetiza, con el tono dramático del cierre de listas, un operador presidencial.

En medio del pulseo, en el umbral del cierre de listas, aparecen voces que buscan distender. “Son ruidos que se dan en todos los cierres, después nos alineamos todos y jugamos para el mismo lado”, pronostica una fuente cristinista.

Pablo Ibañez