“Libere a mi hijo, no es un asesino”, clamó la madre de Diego C. tras la audiencia imputativa

Casi 300 personas se convocaron frente al CJP para reclamar por la libertad del joven imputado de atropellar y matar a dos ladrones.

Miriam

Si tres son multitud, los 300 que se terminaron agolpando frente a los tribunales penales ya eran un mundo. Gritaban, aplaudían usando las manos como martillos. Incluso en un momento, mientras transcurría la audiencia, se formó una asamblea popular en la que frente a un micrófono todos podían hablar. “Queremos que liberen a Diego. Es un chico de trabajo que como cada uno de nosotros está a merced de ladrones”, dijo una mujer. “No soportamos más esta Justicia”, sintetizó otra.

Familiares de Diego le escribieron una carta y una allegada la leyó frente a la multitud. “Viviste la crisis de 2001, estudiaste, trabajaste sin cesar, fuiste un excelente alumno, solidario. Buen tipo, tranquilo. Rompieron la ventanilla de tu camioneta y tu hermanito pensó que te habían matado. Solo te protegiste y perdiste el control de la chata. No sos culpable”, decía el texto. Luego de ser leída esta carta familiares del chico lloraron abrazados.

Según contaban ayer Diego C. vive en calle Amuchástegui con la nueva familia de su padre, compuesta por la pareja de éste y tres hermanos. Su madre, Miriam, se mantuvo en silencio durante toda la manifestación, al igual que la pareja de su padre. La familia es propietaria de una empresa metalúrgica y un matrimonio al que la fábrica provee y que se e acercó a la plaza lo definió como “un chico responsable y tranquilo, un gran trabajador. No sabemos qué pasó por su cabeza pero sabemos qué clase de persona es”.

Circunstancias

Quienes estaban allí suponen una justicia ideal, que tome en cuenta circunstancias particulares, pero el hecho que implicó a Diego está tipificado en el código penal y el sistema tomó las decisiones que evaluó a derecho.

Una vez conocida la resolución del juez Román Lanzón la gente se descontroló. Al menos una cien personas se tiraron sobre los ventanales del CJP, golpearon puertas e insultaron a troche y moche. Patadas, manotazos al aire y dolor. La madre de Diego se arrodilló ante las puertas del edificio e imploró: “¡Mi hijo es trabajador, no se merece esto, no puede ser señor juez. Me voy a morir si mi hijo va preso. Ayúdeme, señor juez. Mi hijo es un chico bueno. Somos gente trabajadora y humilde. Ayúdenme!”, gritó y lloró Miriam.