Dólar más quieto no detiene por ahora escalada inflacionaria

A la luz de una inflación imparable, queda expuesta como incompleta la estrategia del Ejecutivo para frenar el aumento de la moneda estadounidense.

En línea con el supremo objetivo oficial de moderar las expectativas inflacionarias, el Banco Central volvió a ponerse el overol en marzo -ayudado por los fuertes ingresos del sector agroexportador y el cepo cambiario- para frenar aún más la suba mensual del dólar (o la devaluación del peso), que había comenzado casi imperceptiblemente a fines de enero, pero que se aceleró, y con creces, el mes pasado, a tal punto que la divisa estadounidense arrojó su menor deslizamiento alcista en 14 meses frente a la moneda local: sumó un 2,42%, al pasar de $89,83 a $92 en el mercado mayorista.

Al mismo tiempo, los dólares financieros estuvieron adormecidos (el contado con liqui se apreció 1,27% en marzo) producto de los somníferos de la intervención oficial en el mercado de bonos, y de la mayor oferta impulsada por el pago del impuesto a las grandes fortunas (primer vencimiento será el 16 de abril), pese a que la moneda de EEUU subió fuerte en el mundo durante el mes pasado. La pax cambiaria local se completó con una nueva caída mensual del blue, la tercera en forma consecutiva, al ceder un 3,43% (5 pesos) hasta los $141.

Sin embargo, paradójicamente, esta evidente calma cambiaria detallada (ya lleva más de cuatro largos meses) no ha logrado detener, al menos por ahora, la aceleración de la inflación, que completará en marzo su sexto mes en fila por encima del 3%, pero que, además, podría incluso ubicarse arriba del 4%, según algunos cálculos privados preliminares, y transformarse así en el IPC más alto de la gestión Fernández, y en el más elevado desde noviembre de 2019 (4,3%). En concreto, desde la consultora Eco Go estiman una inflación del 4,2% para marzo. Recordemos que, en enero, el dólar subió 3,78% y la inflación fue del 4%; mientras que en febrero la moneda de EEUU ascendió 2,85%, y el IPC fue del 3,6%.

Así como proyectó el Ministro de Economía, Martín Guzmán, este año la suba del dólar irá por debajo de la inflación, pero la brecha entre ambas variables será mucho más amplia de la que apunta el funcionario: IPC del 29% y apreciación de la divisa del 25% (a $102,40 para fin de 2021).

“El cepo mantiene el dólar controlado y su precio manejado a dedo por el BCRA, por lo que puede cumplir perfectamente con lo proyectado. La inflación es otro tema y está lejos de ser controlada, menos de bajar. En realidad, viene creciendo mes a mes”, afirmó el analista financiero Christian Buteler. De hecho, las estimaciones de las principales consultoras del país la ubican cómodamente muy por encima del 40% (según el último Relevamiento de Expectativas del Mercado -REM- estará en el orden del 48%).

Hace un par de semanas y por primera vez en su historia, el mismísimo FMI -en un guiño hacia la mirada oficial-, admitió que la inflación es un “fenómeno multicausal” y que “reducirla requiere políticas macroeconómicas consistentes y esfuerzos de coordinación para ayudar a anclar las expectativas”. Con lo cual, si nos basamos en esta premisa, la desaceleración del dólar es un factor necesario, pero no suficiente, para moderar el avance del IPC.

Entre los economistas existe consenso en que el alto nivel de inflación de marzo es consecuencia, entre otros factores, de la fuerte emisión monetaria de 2020 y de la velocidad de circulación del dinero; de la inercia que dejó el último trimestre del año pasado; de la filtración de la brecha cambiaria (hoy debajo del 60%) a precios; de los crecientes valores de los alimentos (según la consulta LCG, subieron 4,6% en marzo); del aumento en el precio de la nafta; de las paritarias; del incremento en las cuotas de colegios privados.

“El problema no es el dólar, el problema es la inflación. El gobierno debe bajar la inflación, no aumentar la devaluación. La estabilidad cambiaria no dura mucho sin estabilidad de precios. De hecho, hoy la estabilidad de los dólares alternativos se logra por la intervención del BCRA”, acotó Buteler. Es por ello que, junto con la desaceleración del dólar, en los últimos días, el Ejecutivo decidió profundizar su política de regulación de precios en un rubro clave: alimentos, cuyos incrementos golpean a los sectores más postergados. Anunció la renovación del programa Precios Máximos hasta el próximo 15 de mayo y extendió por dos semanas la oferta de ocho cortes de carne a precios populares.

A favor, el Gobierno cuenta por ahora con un dólar competitivo para desacelerar la depreciación del peso: el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) se encuentra un 60% por encima del valor que tenía en 2015, o un 38% más que en 2017, pero con una inflación de 4% mensual y un dólar subiendo un poco más de la mitad esos valores cambian rápidamente, advierte Buteler.

Para Walter Morales, presidente de WISE, “el anclaje cambiario para desacelerar el alza inflacionaria puede funcionar en el corto plazo, porque hay un colchón cambiario de 15% (se va a consumir 1 punto al mes), altos precios de materias primas e importante superávit comercial para compensar el bajo nivel de reservas. Podemos ser optimistas de acá a mayo del 2022, que es el mes en el cual el colchón de 15% que tiene el dólar en términos reales, estaría consumido en su totalidad”.

Desde Eco Go, por su parte, creen que el BCRA “seguirá reduciendo” el ritmo de incremento del dólar oficial “hacia un ritmo mensual de 1,5%/2% (Gobierno está obligado a compensar el ajuste de tarifas de luz y gas de 7%/9%), para intentar bajar las expectativas de inflación (volvieron a subir en marzo por tercer mes consecutivo y ya alcanzan el 46,3% para los próximos doce meses, según la Universidad Di Tella), mientras se negocian paritarias con la referencia del 30/35% y, eventualmente, tener ´mayor espacio´ para bajar la tasa de interés, pero en un contexto donde la inflación, por efectos de segunda ronda, inercia y filtración de brecha a precios, permanezca por arriba del piso del 3% en los meses de abril/mayo”.

Por ahora, el mercado le cree al gobierno sus dichos en materia cambiaria y apuesta a una apreciación real en el corto plazo. “La posición vendedora del BCRA en el mercado de futuros viene cayendo con fuerza y el interés abierto en ROFEX se ubica en u$s3.550 millones, muy por debajo del pico de u$s6.600 millones de octubre pasado, en plena turbulencia financiera, y también de los u$s4.500 millones de enero”, recuerdan desde Econviews.

Detallan que las tasas nominales anuales (TNA) implícitas en los contratos de futuros de dólar se ubican en torno a 30% para los próximos meses y suben hasta llegar a 37% en diciembre. En términos de tasas efectivas la curva tiene muy poca pendiente, oscilando el 35% en el corto plazo, con un salto post-elecciones hasta 37% en noviembre y 39% en diciembre.

Por el contrario, el mercado se muestra más reacio a creer en una baja sostenida de la inflación. “La inflación implícita en los precios de los títulos (que ajustan por CER) se ubica en torno a 50%, levemente por encima de los pronósticos de las consultoras privadas”, señalaron desde Econviews.