Marino santafesino de Villa Ocampo se destaca por su experiencia y trabajo en la Armada Argentina

A pocos días de retirarse del servicio activo, el Suboficial Principal Apoyo General Eduardo Raúl Romero ansía regresar a su pueblo, Villa Ocampo en Santa Fe, donde lo aguardan quienes hace 35 años lo vieron partir rumbo a un destino desafiante: servir a la Patria desde las filas de la Armada Argentina. 

Buenos Aires – En Villa Ocampo, “bien al norte de la ‘bota’ –aclara– y casi al límite con Resistencia, Chaco”, nació Eduardo Romero y allí volverá a radicarse, ya que se encuentra a días de su retiro del servicio activo de la Armada Argentina. Lo esperan ansiosas su madre María Angélica, un hermano –tiene dos hermanas más que viven en la Ciudad de Buenos Aires–, su suegra, su esposa Hilda y también Ludmila, la menor de sus hijos. 

El Suboficial Principal Romero, de especialidad Apoyo General, es Conductor, chofer de vehículos de gran porte, El pasado año, tan particular, le exigió un esfuerzo mayor en su trabajo diario: además de ser el Suboficial Encargado de Expedición en la Intendencia Naval Buenos Aires, con motivo de la pandemia por COVID-19 fue voluntario para conducir camiones de la Armada que llevaron víveres e insumos a las bases navales en Mar del Plata y Puerto Belgrano. 

Entre sus tareas diarias, recibe el material y víveres; una vez en el depósito, supervisa la estiba y organiza el envío a las Intendencias Navales. “Hay que ser ordenado tanto al recibir como al despachar todo el material, para hacer el inventario correctamente”, aseguró el marino santafesino. 

Contó que cada año, previo al comienzo de la Campaña Antártica de Verano (CAV), llevan víveres y carga general para embarcar en los buques que pondrán proa al continente blanco. En noviembre pasado hicieron lo propio con el rompehielos ARA “Almirante Irízar” y el aviso ARA “Bahía Agradable”. 

De Villa Ocampo al mar 

Oriundo de Villa Ocampo, una localidad de 15 mil habitantes, Eduardo cuenta que para los jóvenes la única opción es dedicarse al campo o viajar a estudiar a las ciudades más cercanas, que son Reconquista y Santa Fe. Eduardo egresó de la Escuela Primaria N° 6110 «Carlos Saavedra Lamas» y con un amigo de la infancia decidieron seguir la secundaria en la Escuela de Educación Técnica N° 619 «Presbítero Luis Agustín Spontón». Terminando el colegio, en 1984 le tocó hacer el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento de Infantería N°5 en Paso de los Libres, Corrientes.  

Durante el servicio le ofrecieron quedarse en el Ejército Argentino, pero por sus estudios secundarios orientados en mecánica decidió ingresar a la Escuela de Suboficiales de la Armada. En la Armada le otorgaron la especialidad de Conductor y reconoce que, a causa de su experiencia militar, rápidamente se adaptó a la rutina militar y a la exigencia en el estudio.  

En 1986 egresó y su primer destino fue el Servicio de Hidrografía Naval. Su siguiente destino fue la custodia del Jefe del Estado Mayor General de la Armada, en el Batallón de Seguridad del Edificio Libertad, en la Ciudad de Buenos Aires. 

Llegaría tiempo después un Viaje de Instrucción a bordo de la fragata ARA “Libertad” en 1993, por haber sido el mejor promedio de su especialidad durante su formación en la Escuela de Suboficiales. En los 6 meses a bordo del buque escuela de la Armada tuvo la oportunidad de afianzarse como marino, interactuando con sus camaradas y conociendo ciudades de América, Europa y África.  

“Fue un viaje inolvidable”, destacó el Suboficial Romero, porque le permitió desarrollarse a nivel profesional;  y con la particularidad que partió inmediatamente después de casarse. Lo primero que hacía cuando desembarcaba en cada puerto, era buscar un locutorio para llamar a su flamante esposa, a quien también en esa época le mandaba cartas. 

A su regreso, fue destinado a la entonces Dirección de Salud y Acción Social de la Armada (DIBA) y, siendo pequeño su hijo Franco, lo trasladaron a Río Grande, donde se desempeñó en la base aeronaval.  

En el sur nació su segundo hijo, Gonzalo. De regreso a Buenos Aires, hizo el Curso de Custodia para choferes, cargo que ya no existe en la Armada pero que en ese momento le permitió prestar servicio para los almirantes Joaquín Edgardo Stella, Jorge Osvaldo Ferrer y Jorge Omar Godoy, a quienes recuerda con gran respeto y agradecimiento. 

“Trabajé en destinos navales, aeronavales, y de Infantería de Marina. Agradezco a la Armada y a sus integrantes por cada momento vivido en estos 35 años de servicio a la Patria; somos como una familia, sobre todo cuando uno está lejos”, enfatizó el marino próximo a su retiro. 

A tres décadas de aquel primer día que ingresó a la Armada, el Suboficial Principal Romero reflexiona: “Siempre me gustó mi trabajo. También estuve destinado en la Delegación Naval Santa Fe –hoy fusionada con la Delegación de Rosario– y tuve la oportunidad de aconsejar e incentivar a los jóvenes de mi provincia para elegir como “proyecto de vida” a la Armada. Incluso durante mi carrera me encontré con oficiales y suboficiales a los que pude transmitirles mis experiencias, en alguna oportunidad en la delegación”, sonríe con orgullo. 

Seguramente se haya sentido identificado con aquellos jóvenes a los que les describía la carrera naval, las oportunidades que brinda la Armada, el horizonte de futuro y prosperidad que abre. De chico, recodó una publicidad de la Armada que llamó su atención, la veía en el televisor de la casa de un vecino porque su papá, Telésforo, era jornalero y ellos no tenían televisión. “Sé parte de la Armada Argentina”, instaba la propaganda institucional. Eduardo guardó el mensaje en su memoria y logró con mucho orgullo ser parte de ella.