El futuro de la CGT y cinco sindicalistas que deberán renovar su poder

Por el avance del coronavirus, la CGT se vio forzada a postergar el recambio de autoridades, que debió realizarse en agosto de 2020. A través de una resolución del Ministerio de Trabajo, se extendieron mandatos y se paralizaron congresos y asambleas. Es probable que la elección del nuevo consejo directivo cegetista se desarrolle entre agosto y septiembre de 2021.

Pica hoy en punta Héctor Daer, referente de “los Gordos” (grandes gremios de servicios), para conservar el timón de mando, ya sea en soledad o en versión de triunvirato. Hugo Moyano, histórico rival, dio luz verde para que su hijo Pablo construya un frente que sirva de contrapeso. Gana también posiciones Sergio Sasia, el reemplazante de José Pedraza en la Unión Ferroviaria, que camina desde hace meses en silencio por los despachos gremiales explorando consensos.

Tal vez sea Alberto Fernández, impulsor de una unidad que se anticipa imposible, quien oficie de mediador. El Presidente busca que la convocatoria al Consejo Económico y Social, que sucedería mediante decreto durante enero pero que debería consolidar el Congreso a través de una ley, sirva de atajo para palpar cómo conviven en el diálogo tripartito viejos enemigos como los Moyano y “los Gordos”. Fernández desea que la futura CGT esté conducida por un triunvirato integrado por Daer, Pablo Moyano y el bancario Sergio Palazzo. Difícil que el anhelo presidencial apure una tregua sindical entre los popes del sindicalismo peronista.

El desafío para la actual conducción cegetista es ampliar la cantidad de sindicatos que participaron de la reunificación de hace cuatro años, cuando surgió el triunvirato como fruto de un acuerdo entre Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo. El 22 de agosto de 2016 votaron 1582 congresales sobre un total de 2191. En cantidad de sindicatos fue así: se unieron 124 sobre 213 organizaciones confederadas. Es decir, quedaron afuera 89 gremios. La presencia de un gobierno peronista en la Casa Rosada facilitaría la reagrupación, aventuran dirigentes sindicales avezados en este tipo de acuerdos. Ya se trabaja en ese acuerdo.

“Hoy no existe un dirigente que nos represente a todos, no hay un liderazgo indiscutido. Si el triunvirato es el camino de la unidad, seguirá el triunvirato”, dijo un referente de “los Gordos”, que asegura que Daer cuenta con el respaldo “mayoritario” para continuar en soledad al frente de la central obrera. Con el barrionuevismo extinguido y el moyanismo disminuido, Daer apuesta a quedarse sostenido por los históricos Armando Cavalieri, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez, entre otros dirigentes de peso. Con el Gobierno, la línea es directa, aunque Moyano también conserva su influencia. Ambos son los interlocutores más frecuentes a los que consulta el Presidente. También se anotan Palazzo y Hugo Yasky, jefe de una de las dos vertientes de la CTA.

La interna de la CGT se calentará a medida que se aproxime la fecha del recambio, aún sin confirmar. En caso de no haber un acuerdo por una conducción única, Daer cree que cuenta con los votos asegurados para imponer su mayoría. Pablo Moyano, en tanto, avanza en la construcción de un frente opositor, al que acaba de sumar al ruralista José Voytenco, cuyo gremio, la Uatre, goza de un caudal importante de congresales para torcer una elección. En el medio surge con perfil bajo otro oponente que suma adherentes de diferentes sectores: se trata de Sasia, el secretario general de la Unión Ferroviaria y creador del Sindicatos En Marcha para la Unidad Nacional, un conglomerado que busca erigirse como alternativa entre “los Gordos” y el moyanismo.

Así como la pandemia impidió el recambio en la CGT, sucedió lo mismo con la vida interna de decenas de gremios a partir de la resolución de la cartera laboral. Aquí algunos de los casos de mayor relevancia.

Sanidad: Daer es el jefe del sindicato de Buenos Aires desde hace dos décadas. Como en otras ocasiones, su oposición está ligada a la izquierda trotskista. No debería tener problemas para renovar. Su hermano Rodolfo, jefe del Sindicato de la Alimentación, también deberá revalidar su mandato.

Unión Obrera Metalúrgica: decidido a enfrentar a los jefes de las seccionales díscolas, Antonio Caló ya resolvió internamente que el año que viene competirá para seguir al mando de la UOM. Caló tiene hoy 73 años y es el secretario general desde 2004, cuando sumó la pesada misión de reemplazar a Lorenzo Miguel, que gobernó el gremio durante 32 años. Su principal crítico es Hugo Melo, líder de la seccional de La Matanza.

Asociación Bancaria: Sergio Palazzo no resolvió aún si irá por otro mandato. La actual gestión, con un recambio generacional muy grande y muchas mujeres en el consejo directivo, vence en 2021. Palazzo está dispuesto a seguir, aunque el tucumano Carlos Cisneros asoma como una amenaza para hacerle sombra. Cisneros es diputado nacional del Frente de Todos y también aspira a competir por la gobernación de Tucumán, en 2023, según fuentes de la AB.

Suteba: Roberto Baradel deberá enfrentar otra vez a la izquierda para quedarse con el gremio de docentes más numeroso de la provincia de Buenos Aires. Su triunfo no está garantizado como en otras épocas debido al crecimiento de Romina Del Plá, sobre todo, en La Matanza. De esta manera, la paritaria docente no solo estará atada a la vacuna contra el coronavirus sino que también a la pulseada interna.

Sutecba: en el Sindicato Único de Trabajadores y Empleados de la Ciudad de Buenos Aires (Sutecba), Amadeo Genta, de 83 años, no resolvió si continuará en el cargo al que accedió en 1984. Si no es él, impulsará a su hijo Emiliano, secretario de Cultura y Capacitación del gremio. Genta fue un silencioso aliado sindical del macrismo en territorio porteño. Horacio Rodríguez Larreta mira con atención esta elección.

Telefónicos: Osvaldo Iadarola está dispuesto a extender su mandato, que comenzó en 1997. Mantiene su alianza con el ceteísta Claudio Marín y tienen neutralizada a la izquierda al darle tres vocalías que le corresponden a la minoría. Se convirtió en un gremio estratégico desde que Alberto Fernández resolvió por decreto que el Estado regule el precio que fijen las empresas de telefonía.

Por Nicolás Balinotti