A propósito del último debate presidencial en USA

El Buho de Minerva echa a volar al atardecer…
El aspirante a la reelección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump, y su rival por el Partido Demócrata, Joe Biden, vivieron la noche de este jueves un intenso Head to Head en el que intercambiaron, una vez más, fuertes diatribas.


Este último cara a cara comenzó a las 20.00 hora local en Nashville, Tennessee, duró una hora y media (90 minutos) y fue moderado por la
afroamericana Kristen Welker, periodista de la NBC.


La novedad del debate fue la existencia de botones de ‘mute’ para silenciar las intervenciones de los dos aspirantes a la presidencia de Estados Unidos. La decisión se anunció después de que el primer cara a cara electoral derivase en múltiples interrupciones entre Donald Trump y Joe Biden.
Este último debió haber sido el tercer debate entre el candidato republicano y el demócrata. Sin embargo, el segundo face to face , que se tendría que haber celebrado el hace una semana, el pasado 15 de octubre, fue suspendido después de que el actual presidente hubiera dado positivo en COVID-19.


Todos quieren saber quién ganó, pero ¿Cuál es la métrica para definir quién
es el ganador de un debate presidencial? ¿ Cuáles variables ponderamos
,la retórica, los gestos o los argumentos? e incluso desde la imagen el
color de la corbata o que lleve o no su saco abrochado.


No es sensato afirmar que solo uno de estos elementos sea el factor
determinante de una riña donde como en el boxeo existen reglas, no obstante compartimos con Uds. nuestro análisis técnico del debate desde la
perspectiva del Consultor que entrena y coachea para que los candidatos
logren sus metas.


Si evaluamos los gestos, las posturas y tonos de voz para inferir la actitud
general de los candidatos vemos que Trump adoptó una estrategia
combativa basada en la confrontación directa en combinación con
mensajes de excesiva dominancia y determinación retomando . Por el
contrario Biden eligió un estilo de comunicación que definimos como
asertivo, calmo, aunque no exento de hostilidad, mediante la cual por un
lado sostuvo una apariencia decidida y a la vez sosegada, caracterizada por el control de sus emociones, y por otro una postura de superioridad moral
evidente en señales faciales de clara burla y desestimación de las
argumentaciones de su contrincante.



Cada uno de los gestos de los candidatos intentó demostrar sus pensamientos e intenciones mediante claras muestras no verbales de naturaleza agresiva y desaprobatoria.


Trump mantuvo su ceño fruncido, en este caso, no como un indicador de
enojo, sino más bien como exhibición de autodeterminación y concentración.


La misma disposición del ceño pudo detectarse en Biden quien, a diferencia
de Trump, osciló entre fruncir o elevar las cejas trasluciendo una apariencia horizontal que expresa una disposición facial menos dominante.
Siempre, los gestos del Presidente Trump fueron ligeramente más amplios y
dinámicos que los del Vicepresidente Biden , aunque debe destacarse que
ambos cumplieron muy bien el papel de oradores haciendo un uso apropiado de sus manos para fortalecer sus conceptos.


Ambos candidatos utilizaron su cuerpo con la espalda erguida y los brazos
abiertos tomando ambos extremos laterales del atril. Biden, a diferencia de su contrincante emitió varias sonrisas amplias, las que algunos llamarían sonrisas de alegría genuina, que más bien en este contexto parecían reflejar el disfrute por escuchar palabras que para él constituían un galimatías. Biden habló prácticamente siempre en dirección a la cámara e incluso a pesar de nombrar a Trump como destinatario de sus palabras evitó mirarlo directamente y solo lo hizo en contadas ocasiones.


En lo referente a la escucha se detectaron y se describen dos tipos de
patrones faciales relevantes a saber: el primero de ellos consistía en
comunicar que las palabras de Trump no solo eran falsas sino carentes de
valor y merecedoras de burla y ridiculización. Por ello, lo que hacía era
combinar algunos de estos componentes: inclinar la cabeza, sonreír
moderadamente, cerrar los ojos, y elevar y acercar los extremos internos
de las cejas. En resumen, este gesto facial comunicaba el mensaje de que lo
que el oponente sostenía era carente de credibilidad.


El segundo patrón que se detecta es cuando Biden cedía el turno de la
palabra, éste agachaba su cabeza hacia sus notas (lo que posiblemente le
hiciera ver ligeramente más sumiso), a diferencia de Trump que
aprovechaba estos momentos para reaccionar a los argumentos de
Biden. En esta línea argumental, cuando debía escuchar no capitalizó estas
instancias para contestar facialmente. Lo que hizo fue: desestimar cada
argumento con señales de arrogancia y superioridad (ej. “medias” sonrisas) o bien optó por evadirlos, desaprovechando la oportunidad para rebatirlos. Biden dedico ese tiempo a preparar su contestación. Además, el hecho de que necesitara tomar notas cuando su rival no lo requería puede ser interpretado como una falencia personal y no como una estrategia superadora votantes.


Los asesores, seguramente, sugirieron a Trump evitar aquellos gestos que
constituyen su personalidad, y si bien es deseable que evite interrumpir y
disminuya las expresiones de rechazo como las de desprecio y enojo, no es
menos cierto y no es un detalle menor, que ese estilo le agrada a una
importante proporción del electorado.


En lo atinente al tono, ritmo, color, armonía de la voz se concluye que Trump siempre bajó el tono justo al cierre de sus argumentaciones, destacando así sus palabras con mayor efectividad; Biden, en cambio, empleo pocas pausas al hacer uso de la palabra, probablemente presionado por la experiencia en la primer sesión, lo que resultó finalmente en que fuera menos claro, y cuando tuvo la oportunidad de enunciar conceptos clave se apresuró y perdió impacto olvidando que el cierre de una exposición es tan importante como el inicio.


En el primer debate dijimos que cada uno obtuvo lo que fue a buscar,
ahora bien, como evaluamos quien fue el ganador de esta sesión en
Nashville Biden debió soltar su lapicera, hacer más contacto visual con su contrincante, evitando agachar la cabeza de modo recurrente, debió hacer mejor uso de los momentos de escucha para negar facialmente, debió aplicar pausas luego de enunciar frases o latiguillos importantes, e involucrar más sus emociones como supo hacerlo un par de momentos clave.


A Trump le fue beneficioso, en esta oportunidad, discutir menos con la
moderadora y hablar más a los votantes sumado a que logro interpelar a Biden como el político tradicional ( Biden tiene una trayectoria en Washington DC de 47 años ) ubicándose el mismo en las antipodas como antisistema.


Desde nuestra profesión y con la experiencia de haber coacheado a
numerosos candidatos gubernamentales como no gubernamentales
entendemos que el ganador de un debate debe de ser aquel que ha superado a su contrincante, en este caso, desde la Comunicación No Verbal.
Trump, en esta oportunidad, fue más metódico y cauto pues a diferencia del
primer debate, necesitaba marcar un antes y un después. Biden no cometió
errores de importancia que pudieran dañarlo a menos de 15 días del comicio.


En función de lo expuesto entendemos que el ganador de este último Head
to Head fue Trump. Sin embargo, no podemos soslayar que Biden fue más
efectivo en conectar con la audiencia al igual que su vice Kamala Harris ante Mike Pence.


¿Cuál estrategia funciono mejor?


Lo sabremos la noche del 3 de noviembre sabiendo que a la fecha ya han
sufragado por vía postal más de 47.000.000 de ciudadanos. Biden, en los

sondeos, aún tiene ventaja pero, como en la elección anterior, Trump puede
ganar como consecuencia del voto mortadela en un escenario donde Cinco,
quizá seis estados como Pensilvania, Wisconsin y Michigan entre otros
definirán la composición del Colegio Electoral y como aprendimos de HEGEL
los Consultores …” el Buho de Minerva echa a volar al atardecer”.

Lic. Maria Alejandra Dimonaco
Periodista y Locutora
Directora Orbi Comunicaciones.