“Argentina atraviesa su propia mutación criminal”, el análisis del ex investigador federal Hernán Kovacevich

El último Informe Mundial sobre Drogas de la ONU advirtió sobre el crecimiento del consumo en distintos países del Cono Sur. En nuestro país, el especialista indicó que predominan “economías ilegales fragmentadas, organizaciones barriales y mercados atomizados que, sin embargo, responden a una lógica global”.

 En un reciente documento denominado Informe de la ONU y Narcotráfico en América Latina: De “El Mencho” a la Mutación Criminal en Argentina, el abogado penalista, docente y ex investigador federal analizó el consumo regional, el caso de Nemesio Oseguera Cervantes y la situación en Argentina.

 

 

Mientras el último Informe Mundial sobre Drogas de la ONU informó sobre el crecimiento del consumo en distintos países del Cono Sur, los datos más recientes ubican a Uruguay como el país con mayor consumo de cocaína per cápita en América Latina, seguido por Chile y Argentina, que se posiciona entre los primeros lugares de la región. Brasil, por su dimensión poblacional, concentra uno de los mercados absolutos más grandes, aunque en términos proporcionales se ubica detrás de los mencionados. “Este dato no es menor: evidencia que la región dejó de ser exclusivamente territorio de tránsito para convertirse en mercado consolidado. El mapa del narcotráfico latinoamericano vuelve a tensionarse y demuestra, una vez más, que el crimen organizado no reconoce fronteras ni límites institucionales”, precisó Hernán Kovacevich.

 

Consultado por la situación en México, explicó que la violencia vinculada a los grandes cárteles reavivó el debate sobre el poder real de las organizaciones criminales: “En el centro de esa escena aparece la figura de El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, cuyo nombre —Nemesio Oseguera Cervantes— se convirtió en sinónimo de expansión, poder de fuego y control territorial. La historia reciente del CJNG es la de una organización que comprendió que el narcotráfico moderno no es solo violencia, sino estructura empresarial. Diversificó mercados, consolidó rutas, combinó cocaína, metanfetaminas y opioides, y proyectó su influencia hacia Estados Unidos y Europa”.

 

 

 

“Cada episodio de tensión en torno a su liderazgo generó reacciones inmediatas: bloqueos, enfrentamientos armados, demostraciones de fuerza diseñadas no solo para resistir al Estado, sino para enviar un mensaje. La violencia, en este esquema, no es improvisación; es estrategia. Pero mientras México exhibe la versión más militarizada y vertical del fenómeno, Argentina atraviesa su propia mutación criminal”, continuó explicando Kovacevich.

En relación al caso de nuestro país, especificó que aquí no predominan —al menos por ahora— estructuras únicas y centralizadas con ese nivel de cohesión, sino economías ilegales fragmentadas, organizaciones barriales conectadas a redes mayores, mercados atomizados que, sin embargo, responden a una lógica global.

 

 

“Argentina, ubicada entre los países con mayor consumo per cápita de cocaína en la región, enfrenta un fenómeno que impacta directamente en sus dinámicas territoriales, particularmente en ciudades como Rosario, donde la disputa por puntos de venta se traduce en violencia localizada”, remarcó el docente de la Diplomatura en Inteligencia Criminal en Delitos Complejos de la Universidad del Gran Rosario. En síntesis, el crecimiento del consumo regional que señala la ONU transforma a los países no solo en zonas de tránsito, sino en mercados activos. Y donde hay mercado, hay reorganización.

Si bien la comparación de Argentina con México revela diferencias, hay puntos de contacto: “En México, la verticalidad y la capacidad de fuego marcan el pulso, en Argentina, la violencia se territorializa en barrios específicos, en disputas por puntos de venta, en ajustes que buscan consolidar control. Sin embargo, detrás de esas expresiones distintas subyace la misma matriz: la profesionalización del delito, la adaptación constante y la lógica empresarial aplicada a economías ilícitas”.

En su análisis y experiencia, Kovacevich afirmó que “el narcotráfico dejó de ser una estructura rígida para convertirse en red. Cuando un liderazgo cae o se debilita, el fenómeno no desaparece: se reconfigura: mientras exista demanda sostenida, la oferta encontrará la manera de reorganizarse”.

En su análisis, la figura de “El Mencho” simboliza el poder paralelo que puede adquirir una organización criminal cuando combina logística, recursos y control territorial y lo que ocurre en México no es ajeno a lo que sucede en el Cono Sur. Las rutas, los mercados y las metodologías dialogan entre sí.

Finalmente expresó: “Analizar cada país como una isla es un error conceptual. El crimen se globalizó; sus redes también. El desafío no es únicamente represivo. Es estratégico, preventivo y coordinado. Porque cuando el delito aprende, evoluciona y se expande, la respuesta estatal no puede permanecer estática. Y en esa tensión permanente entre reorganización criminal y reacción institucional se juega, en gran medida, el futuro de la seguridad regional”.

 

 

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