¿Cómo fueron tus primeros pasos con la música?
La primera experiencia fue en el living de mi casa. Le agarraba la mesita ratona a mi vieja, la ponía contra el ventanal, abría las cortinas como si fueran un telón y cantaba. Tenía cuatro años y mi tema favorito era “El oso” de Fito Páez.
¿Y qué influencias musicales te marcaron en la infancia?
Todo lo relacionado con la trova rosarina. Era lo que escuchaban mis viejos, así que eso ya lo tenía en el oído desde muy chico. Fito era lo más fuerte, sin dudas.
¿Cuándo empezaste a formarte profesionalmente?
En la adolescencia arranqué canto en academias. Estudié en la de Rubén Goldín, parte fundamental de la trova. Después me metí en la comedia musical en el Teatro El Círculo, donde sigo hasta hoy con el grupo Estad. Hacemos muchas obras al año, siempre ensayando y buscando mejorar.
¿Qué herramientas te dio el teatro para tus actuaciones?
La comedia musical te cambia la pisada en el escenario. No es solo cantar, sino saber cómo moverse, dónde están las luces, qué recursos usar sin que interfieran en la interpretación. Te prepara para todo: cantar, actuar y bailar.
¿Cómo es tu presente entre ensayos, trabajo y La Voz?
Trabajo como encargado en un bar, así que coordinar tiempos es un desafío. Ensayo en el teatro, en el programa y además tengo un coach vocal para preparar los temas. Es todo bastante intenso, pero lo disfruto mucho.
Tu historia de amor se viralizó: ¿cómo viviste esa exposición?
Fue una locura. Mi ahora marido me pidió matrimonio en un show de Lali, con ella de cómplice. Lo hizo en pleno recital, nos dedicó un tema, y al día siguiente estábamos en todos los portales, hasta en Israel. A mí me encanta, disfruto de los medios y del cariño de la gente.
¿Cómo fue la experiencia de compartir escena con figuras como Lali y L-Gante?
Son súper cercanos. Pasaron por lo mismo que nosotros, así que empatizan un montón. L-Gante me prometió que me va a invitar a cantar, eso sería un gran paso para seguir creciendo.
¿Cuáles son tus sueños a futuro?
Desde chico digo que quiero cantar en Viña del Mar. Y aunque parezca lejano, ahora con esta visibilidad se vuelve un poco más real. También me gustaría sacar mi propio CD. Me siento cómodo en el melódico, en las baladas, pero descubrí también que puedo darle show a algo más festivo. Hoy quiero explorar ambos géneros.
Leo Bell es una mezcla de talento, simpatía y constancia. De la trova rosarina a la televisión nacional, su camino recién empieza. Y aunque no sepa qué le depara el certamen, lo cierto es que ya conquistó algo mucho más difícil: el cariño del público.