¿Qué maravilloso es el poder de la música, no?
Sí, realmente es eso, todo lo que acabas de decir. Para mí, hablo en lo personal, y creo que también es uno de los motivos por los cuales estamos acá los tres: porque es nuestro canal, nuestra tierra para relajarnos. Además, trae una contención importante, porque más allá de un ensayo o hacer ruido, uno puede encontrar ese espacio para descargar lo que le pasa. Eso es lo que siento y también veo, que aunque va por otro lado, la música es para nosotros un medio para transmitir un mensaje con un objetivo.
¿Sienten que tocar o estar arriba de un escenario funciona como una especie de terapia o psicólogo?
Sí, totalmente. Hacer música para mí es algo que me llena el alma. No importa si tocan cinco o cinco mil personas, lo valioso es que al menos uno reciba el mensaje. Eso tiene un peso mucho más profundo que solo tocar por tocar.
¿Cuáles son sus influencias a la hora de componer? ¿Qué escuchaban de chicos y qué sigue influyendo hoy?
Kiss, Almafuerte, La Renga... El hard rock y metal están bastante presentes. Pero también tenemos influencias más profundas, no solo de forma superficial sino en un saber interno, como un conocimiento inconsciente que uno va entendiendo con el tiempo. Por ejemplo, yo estudio profesorado de música y eso me ayuda a ponerle nombre y contexto a lo que hago.
Eso me gusta porque me lleva a pensar en la diferencia con la música popular actual que suena mucho en boliches y que muchas veces es vacía. ¿Ustedes sienten que hacen algo distinto?
Sí, coincido. No solo es cuestión de mensaje, sino también de cómo la música moldea y estructura a la población. Hoy mucha música que se escucha en la radio o en streaming está en todos lados, incluso en la infancia. Como docente, veo que niños de 8 años repiten letras que no tienen contenido. Nosotros queremos ir en contramano, dejar un mensaje, hacer un trabajo serio que aporte a la cultura local y que se valore.
Pasado mañana tienen un show especial en “Que sea rock”, en Santa Fe y Mitre. ¿Cómo será?
Vamos a estar los cuatro, con Aluchi y Alexi Pizzirolli. Va a ser un show bastante emotivo, porque ese lugar tiene un significado especial para nosotros, ya que fue donde hicimos nuestro primer show eléctrico con Ale como bajista. Cerraremos la noche y esperamos que sea un gran momento para compartir con el público.
¿Cómo ven la noche rosarina para las bandas de rock que quieren crecer? ¿El trato en los lugares, las oportunidades?
Hay dos realidades claras: la música contemporánea que mueve mucha gente y los géneros clásicos como el hard rock y heavy metal que seguimos disfrutando. Los boliches de Rosario ofrecen oportunidades, pero el pago y el trato a los músicos suele ser bajo y poco valorado. Eso complica un poco el camino, pero seguimos haciendo lo mejor posible y trabajando para que las cosas mejoren.
¿Sienten que en otros géneros es más fácil insertarse en el mercado?
Sí, algunos géneros están más instalados y atraen más público, pero nosotros tratamos de adaptarnos y llevar nuestro mensaje a todos lados. En algunos lugares incluso nos recibieron muy bien y pudimos ajustar nuestras canciones para que encajen en esos espacios, como si nos pusiéramos “de gala” para cada ocasión.
Para ir cerrando, ¿hay proyectos nuevos como un disco o álbum?
Vamos a arrancar con dos canciones y desde ahí iremos construyendo. Sabemos que la cultura de nuestra provincia está en un proceso de mejora, y queremos aportar para que el trabajo de las músicas se valore más, dándonos una mano entre todos y disfrutando de la diversidad musical.
Dobló y Chocó es un claro ejemplo de la escena rosarina que apuesta al rock con mensaje, compromiso y pasión, aun cuando el camino esté lleno de desafíos. Su música no solo suena, sino que busca conectar y transformar a quienes la escuchan, recordándonos que el arte puede ser un canal para sanar y construir comunidad.