“Me está agobiando la situación”, definió Jesica, una mamá preocupada y abrumada por la indiferencia. Su hijo Alan tiene 10 años, es autista, padece un retraso madurativo y usa pañales.
La familia vive en la ciudad de Pérez y si bien inicialmente el gobierno local colaboró con una terapia para que Alan pudiera caminar, luego la suspendió debido a que la Municipalidad ya no podía solventarla. “Desde que le diagnosticaron autismo a los 3 años fui golpeando puertas. Era un nene que no caminaba y de un día para el otro le sacaron su terapia. Quedamos a la deriva, no tengo pensión, porque no salió. Estamos en la lucha y vamos a seguir luchando”, relató con mucha angustia Jesica Correa a INFOROSARIO.
Acá en Pérez hay un instituto, que se llama Arcoiris y lo único que me ofrecen es un día a la semana 20 minutos. Jesica considera que es insuficiente tan poco tiempo de terapia para su hijo. “Pido por favor que haya disponibilidad educativa y terapéutica. En la escuela especial no lo quieren aceptar porque usa pañales. Él camina, no está postrado, pero por el tema de los pañales no lo reciben en la escuela”.
Alan cuenta con el certificado de discapacidad pero su mamá sigue esperando que salga la pensión, que le permitiría más posibilidades para él: “El médico legista firmó que Alan tiene 100 por ciento de discapacidad. No entiendo por qué tanta vuelta. Desde la Dirección Provincial de Inclusión para Personas con Discapacidad de la calle 9 de julio en Rosario me dieron el ok y propusieron tratarlo en Pérez, porque sería mejor no tener que viajar a Rosario para que lo atiendan. Igualmente, desde el municipio de Pérez tampoco me dan el ok para que desde Rosario vengan a buscarlo. Si bien el será autista toda la vida, hay cosas que puede mejorar”.
Además, Jesica contó que si bien hay medicación que le entregan en el centro de salud, tiene que reclamarla en varias ocasiones: “Tengo que pelear también para que me den la medicación en El Gurí, porque no dejan la receta, y él siempre la necesita porque es un paciente crónico. Va a cumplir 11 años, no tiene escuela, no tiene sus terapias. Es mucho desgaste para la familia”.
“Estuve deprimida, se me cayó el pelo de los nervios. Hoy lo único que tiene Alan es su pediatra y su neuróloga. Lo están perjudicando a él”, se lamentó esperando una respuesta para que su hijo pueda mejorar su calidad de vida.
Finalmente, indicó: “Al intendente Pablo Corsalini le pedí ayuda muchas veces. Una sola vez me cumplió y después no la siguió sustentando. Me dio su palabra, me la retiró, y nos soltó la mano”.