Uno de los focos centrales de la crisis es el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula el 20% o más del petróleo mundial. Irán ha amenazado con bloquear o atacar buques petroleros y ha desplegado minas y drones en la zona, mientras Estados Unidos asegura haber destruido embarcaciones iraníes utilizadas para minar el paso.
Irán ejecuta una guerra de desgaste contra Estados Unidos e Israel, que Donald Trump y Benjamín Netanyahu replican en todos los frentes abiertos en Medio Oriente. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en su tercera semana con una escalada militar sostenida y sin señales claras de alto el fuego. Los combates incluyen bombardeos estadounidenses sobre instalaciones estratégicas iraníes y ataques de Teherán y sus aliados en el Golfo y el Líbano, en un conflicto que ya dejó miles de muertos y una grave crisis humanitaria en la región.
En este contexto, el presidente Donald Trump impulsa la formación de una coalición naval internacional para escoltar buques tanque y garantizar la libre navegación en la zona. Washington presiona a aliados europeos y asiáticos - entre ellos miembros de la Alianza Atlántica (OTAN) y grandes importadores de energía como Japón y Corea del Sur- para que desplieguen buques de guerra y participen en patrullas en el Golfo.
La tensión militar ya impacta en los mercados energéticos. El precio del petróleo Brent superó los 106 dólares por barril, impulsado por el temor a un corte prolongado del suministro si el estrecho queda cerrado o bajo ataque.
El aumento del crudo preocupa a la Casa Blanca y a las principales economías del mundo, ya que podría alimentar una nueva ola inflacionaria y afectar el crecimiento global. Mientras la guerra continúa, el control del estrecho de Ormuz se ha convertido en el eje estratégico del conflicto y en el principal factor que mueve los mercados energéticos internacionales. Xi Jinping, el líder chino, dio una respuesta ambigua al pedido del presidente norteamericano.
